Capitulo 18: Adiós a los guerreros

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Vaargler. 17 de noviembre del 879 d.d

En Vaargler la tormenta no se dejaba ver tan intensa como la hacía en la capital, y aunque continuaba siendo de dimensiones considerables eso no impedía que toda la aldea se encontrase presente para el masivo funeral de la treintena de fallecidos en la operación del fuerte, nadie estaba dispuesto a faltar, sin excepción, desde el más pequeño al más grande. Incluso la pequeña Lira estaba ahí luego de suplicarle a su padre por mucho tiempo, ya que este no se encontraba dispuesto a que su hija contrajera alguna enfermedad producto de la tormenta que se desataba. Edregan en cambio había sido el primero en llegar a la iglesia, incluso antes que el primero de los sacerdotes, puesto que de alguna manera se sentía culpable de la muerte de todos esos valientes, después de todo fue el quien dio luz verde a la operación que acabaría con sus vidas. Gazva junto a su familia y a la hija del alcalde se unieron a los ritos mortuorios poco después de que estos iniciaran, acompañando y reconfortando en todo momento a los familiares de las víctimas fatales. Raven no llegaría sino hasta el momento en que los 32 ataúdes iniciasen su trayecto final, cargando a cuestas un féretro simbólico en memoria de los restos no encontrados de su padre, solo permitiendo la casi inútil ayuda del anciano Olbar, quien debido a su cojera sufría de fuertes dolores al esforzarse tanto, pero no estaba dispuesto a que el muchacho cargase con todo aquello el solo. El monje principal rezaba por aquellas almas mientras recorrían en silencio y con gran lentitud las embarradas calles de la aldea. Maerion avanzaba como un invitado de honor junto a Edregan, mirando desde allí como un muy acongojado Raven avanzaba casi a rastras con un pesado ataúd que nada llevaba en su interior.

Con la llegada al pequeño cementerio los llantos incrementaron cuando llego el momento de dar entierro a los lechos mortuorios, minutos en los cuales varios doloridos parientes aprovecharon para dar el último adiós a aquellos seres queridos que finalmente partían al más allá. El hijo de Barguer lanzo el mismo la tierra sobre el agujero y se marchó antes de que finalizaran los funerales, solo deseaba estar solo al menos un momento.

-Dicen que los dioses se enojan cuando dejas un oficio religioso a mitad de camino. –Dijo una voz a su espalda.

-Ellos sabrán comprender mi dolor y mis deseos de estar solo un momento. –Respondió dándose media vuelta.- Aunque contigo se enfadaran bastante Maerion, es mejor que vuelvas a la ceremonia.

-Yo no soy alguien que crea en seres divinos, solo me presente a los funerales para acompañar a las gentes en su dolor.

-En ese caso nos veremos esta noche en la ceremonia, hasta entonces busca donde esconderte de esta lluvia.

-No estás obligado a aceptar la vacante que dejo tu padre.

-Tienes razón, no lo estoy, pero es lo que él hubiera deseado.

-Eso es lo que tú piensas, pero debo decirte que te encuentras muy equivocado.

-¿Qué sabes tú? –Pregunto acercándose a Maerion con furia, el hombre comenzaba a irritarlo.

-Hable con el antes de la batalla y me confeso que deseaba que volvieras conmigo a la capital, creía que tu tenías un futuro más prometedor si ibas allá en vez de quedarte aquí–Lo sujeto por los hombros sin demasiada fuerza.- Además me dijo que en la capital tenías alguien por quien deseabas luchar, no te quedes aquí solo sufriendo por lo que has perdido y esfuérzate por proteger lo que aun conservas. –Lo soltó y se dio la vuelta para volver por donde había llegado.- En fin, es tu decisión. Partiré mañana a medio día, espero tener una respuesta antes de irme.

Padres e hijosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora