Capitulo 11: Sangre real.

142 38 26
                                        

Vaargler. 17 de octubre de 879 d.d

Las lluvias habían cesado y era ya de noche en el momento que Raven pudo vislumbrar el portal de Vaargler tenuemente iluminado por un par de antorchas, la primera luz que veía en toda la hora que duraba el viaje desde las afueras de la ciudad capital hasta allí. Esta simple razón lo había traído inquieto durante todo el camino, pues tenía el mal presentimiento de que en cualquier minuto los bandidos pudieras emboscarle, era buen espadachín y no temía enfrentarse a unos hombres con sed de sangre, pero sabía muy bien que esos tipos atacaban en grupo como si fueran lobos, y ni siquiera un soldado perfectamente entrenado podría hacer frente a más de diez hombres por sí solo, era imposible. Pero al final todo se había quedado solo en presentimientos, pues ya se encontraba frente al portal de su amada ciudad natal y nada le había ocurrido.

Se detuvo unos pasos antes de cruzar la estructura de madera para dirigir su mirada hacia donde debía de estar el Palacio. Inmóvil sobre su montura se prometió a si mismo volver lo más pronto posible para poder sacar a Alexandra de ese lugar, para liberarla de las crueles garras de la mujer a la cual ella debía servir para proteger algo que él no había alcanzado a conocer, pero que estaba seguro pronto iba a descubrir.

Al final no había podido encontrar a la joven sirvienta durante sus últimas horas de estancia en la magnífica construcción, y es que tampoco quiso buscarla después de oír las palabras de Guildor, el soldado era su enemigo pero durante esa corta conversación supo que por lo menos en aquellos momentos debía confiar en él, pues no había logrado encontrar la mentira en los ojos de su rival, si no que más bien lo único que logro hallar había sido la más pura honestidad. Pensando en lo recientemente ocurrido no pudo evitar sentir algo de admiración por el joven militar, pues este logro aceptar su derrota contra el frente al rey y por eso le hubo aconsejado al momento de encontrarse en las escaleras. No supo cómo, pero en ese momento tuvo la certeza de que de haber conocido a Guildor en otras circunstancias hubieran sido buenos amigos.

-Alexandra, te sacare de ese lugar sin importar que. –Dijo en voz baja.

Espero un par de segundos antes de continuar su camino en dirección a su primer destino. A lomos de su caballo cruzo sin apuro la fuente que marcaba la mitad de la aldea y continúo rumbo a la casa de Gazva, tenía que contactarse con Edregan primera que nada, pero no se dirigía al hogar de este porque tenía la plena certeza de que este se encontraría residiendo al menos por un tiempo en casa de su mejor amigo, así Lyra tendría al menos la compañía de Dorfal y no estaría tan solitaria. Vaargler era tan pequeña que en cosa de minutos estuvo frente a la puerta del pequeño hogar, agradeció a los dioses el hecho de en el interior aun existiera iluminación, al menos alguien estaba despierto a esas horas.

Se bajó del animal y lo ato a un árbol cercano para que no se escapara, estiro sus cansadas piernas que después de tanto cabalgar estaban entumecidas y comenzó a caminar con calma rumbo a la puerta. Con esta última a ya poca distancia de él estiro su brazo para luego dar tres fuertes golpes contra la madera, espero poco menos de un minuto y al no obtener respuesta repitió la acción.

-No seas impaciente. –Contesto una voz masculina desde el interior, que a pesar de no ser de Gazva o Edregan se le hacía muy conocida. Espero casi otro minuto hasta que la puerta se abrió frente a él. Aquel que le recibió era un anciano de baja estatura que a duras penas se sujetaba con ayuda de un bastón. Era Olbar, el capitán de las conocidas Tropas de Investigaciones de Crímenes Graves.- Has tardado demasiado en llegar muchacho estúpido. –Dijo el provecto tras reconocerlo.- ¿Se puede saber el motivo de la demora?

-Te lo puedo contar más tarde si quieres. –Le contesto Raven con una sonrisa. Sin entenderlo sentía una gran simpatía por el hombre.- Ahora necesito hablar con el señor Edregan.

Padres e hijosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora