Capitulo 6: Enfrentamiento en el verde gigante

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Camino a la Capital. 16 de octubre del 879 d.d

Las primeras casas de la ciudad comenzaban a aparecer a lo lejos, rodeadas de una ligera niebla proveniente del rio Orga. Gruesas fumarolas de humo negro nacían desde la chimenea de algunos hogares, otras comenzaban a extinguir sus luces ahora que el sol había aparecido hace pocos minutos.

Al llegar junto al portal un guardia de mediana estatura le cortó el paso posicionando su lanza frente al animal, causando que este se detuviera en seco, su jinete alcanzo a reaccionar antes de caer hacia adelante. Había sido un movimiento imprudente por parte del vigilante, pero no podía detenerse a discutir con el hombre, tenía una misión que cumplir a la cual debía darle prioridad por sobre el resto de cosas mínimas que pudieran haberle ocurrido en el camino, y este incidente a las entradas de la ciudad capital era algo tan pequeño que no valía la pena perder tiempo en cosas tan simples como una discusión.

-¿Qué buscas en la ciudad? –Dijo el guardia en seco, tenía el aspecto de alguien que a madrugado.- Con las prisas que llevas debe de ser muy urgente, pero tú ya sabes cuál es el protocolo.

Raven se bajó de su montura algo molesto, mientras el hombre se acercaba a un escritorio ubicado dentro de una pequeña caseta a un lado del portal. Claro que el conocía los pasos a seguir cuando se visitaba la ciudad: Comunicar el motivo de la llegada a un guardia, dejar una declaración escrita de las razones de la visita y firmar esta misma. Todo este trámite se había vuelto obligatorio para cada persona tras la promulgación de una ley que buscaba disminuir la entrada de ladrones y asesinos a la ciudad en donde residía el monarca, antes esto se sujetaba a grupos militares y comerciantes, pero como en los últimos años la delincuencia comenzaba a crecer las autoridades habían resuelto expandir la medida al resto de la ciudadanía.

-Nombre. –Dijo el vigilante, con un tono de voz que demostraba que el tampoco deseaba hacer tanto papeleo.

-Raven Pargus, hijo de Barguer. –Contesto el joven, apoyado contra una pared.

-¿Motivo?

-Debo reunirme con los hombres de la Tropa de Investigación de Crímenes Graves. La esposa del alcalde de Vaargler ha sido asesinada durante la noche de ayer.

-¿Tiempo de estadía?

-No estaré aquí más allá de la puesta de sol, me largare de la ciudad en cuanto pueda.

-Firma.

El hombre le entrego a Raven la hoja en donde había anotado todo lo anteriormente conversado, copiando textualmente cada palabra gesticulada. Después de que el muchacho garabateara su firma el archivo pasaría a manos de otro hombre que lo guardaría en alguna parte y pronto todos se olvidarían del manuscrito, así era el sistema de fichas, algo inservible que solo quitaba tiempo a los viajeros.

Bosques de Vaargler. 16 de octubre del 879 d.d

El acero de Edregan choco con estrepito contra el del bandido, un mar de chispas emergió cuando los filos se deslizaron hacia atrás en un intento de escape por parte de sus dueños. Uno de los criminales se lanzó en contra de ex militar por su espalda, intentando asestar un tajo descendente en su columna vertebral, pero el hombre fue mucho más rápido y esquivo con agilidad un golpe que podría haber sido mortal, la espada del otro casi consiguió dar de lleno sobre la cabeza de su compañero, por suerte para él había alcanzado a reaccionar levantando su arma en defensa, logrando repeler a duras cuestas la embestida.

-Sois tan estúpidos que podríais matar entre vosotros. –Comento Edregan con una sonrisa burlona.

Algo con una increíble velocidad se deslizo junto a él, tan rápido como una flecha el brazo de aquel hombre blandió la espada de tal manera que un montón de sangre comenzó a brotar desde la mano cercenada de uno de los asesinos. El hombre, al notar que había perdido uno de sus miembros comenzó a gritar mientras se apretaba con fuerza la extremidad cortada, sus bramidos se dejaban escuchar con gran eco por todo el verde eterno, perturbando el silencio que se había producido por un par de segundos. La herida no dejaba de sangrar mientras que el hombre comenzaba a palidecer debido a la pérdida del líquido vital, su compañero estaba paralizado a pocos metros, observando con miedo al hombre que había aparecido pocos minutos atrás, un hombre tan rápido que con un solo movimiento había logrado arrancarle un miembro al otro, si fuerza y agilidad debían de ser brutales, tan grandes como para causar un corte tan limpio y preciso en solo cuestión de segundos. En cambio, el tercero de ellos aún se mantenía en el suelo, la herida causada por la espada de Edregan le causaba tanto dolor que le era imposible ponerse en pie, cada vez que intentaba levantarse volvía a caer rendido sin siquiera poder moverse un par de pasos desde donde se encontraba.

-Les presento a la espada más rápida de todo el reino de Dorrak, al hombre más fuerte de los ejércitos reales. Gazva, hijo Adrovar. –La mano de Edregan apunto directo a su amigo, el otro llevo a cabo una leve reverencia frente a sus contrincante.- Has tardado demasiado. –Le dijo a Gazva.

-Tu hija ha sufrido demasiado. Terminemos esto luego para que puedas estar con ella, te necesita más que nunca.

-Acabemos con esto.

Ambos se lanzaron contra el criminal que aún se mantenía intacto. La manera en que luchaban era magistral, lograban canalizar y coordinar sus golpes como si sus mentes estuvieran conectadas, uno solo de ellos era un problema para los bandidos, pero ahora que habían decidido unificar fuerzas eran dos máquinas perfectas de matar. A los pocos segundos ya no existía forma de esquivar o repeler tantos ataques continuos, solo tomo una fracción de segundo para que dos aceros se clavaran en su estómago, terminando su recorrido tras atravesar las carnes de su espalda. Sangre subió por su garganta para escapar a través de sus labios, convirtiéndose en varios hilillos que recorrían su cuello. Poco a poco el mundo fue convirtiéndose a negro hasta que reino un gran vacío, al final todo se apagó, los sonidos, los olores, las sensaciones, todo termino por apagarse.

Edregan se acercó al que había perdido su mano con la espada aun escurriendo sangre, el hombre le dirigió una mirada desafiante para demostrarle que no sentía miedo, pero en el fondo, el mismo sabía que solo quedaba una delgada línea entre el coraje y el miedo. No hubo piedad para él, la espada trazó un corte alrededor de su cuello, causando que el hombre se desangrara hasta morir. Después de un par de segundos el cadáver aún continuaba dando una par de saltos en el suelo.

-Habla. –Ordeno Edregan sentándose junto al último criminal vivo, aquel que no podía ponerse en pie.

-¿Qué quieres que diga?

-¿Dónde se encuentra el resto de los tuyos? Los matare uno a uno hasta que el alma de mi esposa sea vengada por completo.

-Prométeme la vida. –El hombre estaba al borde de las lágrimas.

-Me lo pensare.

-Están todos refugiados en el fuente abandonado, pero son más de cuarenta hombres, no podrás con ellos tu solo.

-Eso es lo que necesito saber. ¿Tienes últimas palabras?

-No, por favor, perdóname la vida.

-No existe nada más repugnante que morir suplicando. Vosotros no tuvisteis piedad con mi esposa, ¿Qué te hace pensar que yo la tendré contigo?

Edregan clavo su arma en el cráneo del criminal, el hueso al romperse causo un horrible sonido que resonó con algo de eco a través del bosque. Ya todo había terminado para aquellos bandidos, solo faltaba aniquilar al grupo principal para terminar con la venganza del alma de Olyra, pero eso podía esperar un poco, tenía algo que hacer antes de continuar con cacería de criminales.

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Hola a todos mis queridos lectores.

Han pasado ocho días desde que lanzaba una actualización. Ya se que es bastante, pero al menos ya no son mas de veinte días como la ultima vez. Perdonen  mi falta de actividad y abandono a esta historia, pero ya comienzo a normalizar la escritura.

En esta ocasión hemos visto luchar nuevamente a nuestro dúo protagonista, esta vez demostrando de lo que son capaces al unir fuerzas. Dentro de un futuro se viene  un tanto mas de batallas pero no tantas, ya que en esta obra me dedicare a expresar los sentimientos de los protagonistas. (Lo lamento si no soy capaz de hacerlo de la manera adecuada)

Y sin mas que decirle por esta ocasión me despido de ustedes agradeciendo sus lecturas. Invitándoles a comentara para saber que les a parecido y a votar si lo creen necesario.

Saludos y gracias desde ya.

Padres e hijosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora