Portal de Vaargler. 15 de enero del 880 d.d
El joven portaba orgullosamente su armadura que lo identificaba como un miembro de las levas aun en entrenamiento, de color gris con detalles tribales de color negro. Su espada colgaba desde su cintura, meciéndose de un lado a otro en compas con los movimientos del animal sobre el cual montaba; se trataba de un arma totalmente nueva, aun sin usar, de reluciente color pálido. Con su mano izquierda sujetaba las riendas de su montura, mientras que con la derecha se oprimía el casco contra el costado, sujetándole con fuerza para no sufrir la vergüenza de que este resbalara y cayera.
Yazir sonreía con ganas, iba a despedirse de su hermana y lo que menos deseaba era mostrarse triste o cansado, no quería que Alexandra emprendiera el viaje de vuelta a la capital preocupada de él, tampoco que se arrepintiera de la decisión de dejarle allí por todo un año. Aquel era su castigo por cometer una idiotez tan grande como unirse a una batalla sin siquiera saber utilizar una espada, comprendía su error y lo aceptaba como tal, estaba más que dispuesto a pasar todo un ciclo de su vida viviendo en medio de soldados.
Junto a él cabalgaba Jerim, el hombre que tan amablemente le recibiera entre los suyos durante el día anterior.
Su radiante sonrisa se desvaneció al darse cuenta de que nadie le esperaba en el portal de la aldea, ni rastro quedaba ya de su hermana o de su cuñado. Se habían marchado, ya no habría despedidas, la única oportunidad de ver a su hermana por última vez en un año se desvaneció como humo ante sus ojos. Por unos momentos no se sintió capaz de convivir con algo como aquello, tenía que hacer algo para verla otra vez: tenía que alcanzarla.
‒ Se fueron hace pocos minutos, aun tienes tiempo.
Estaba tan sorprendido de no llegar puntual que tampoco se dio cuenta de la presencia de Gazva, quien al momento de su aparición se encontraba sentado en una banca a pocos metros de distancia, cuidando de los niños mientras estos jugaban a su alrededor.
‒ Lo siento, pero como recluta no tienes permiso para salir de la aldea antes de que termines con tu entrenamiento.
El joven soldado no podía creer lo frio de la respuesta.
‒ Ponte en el lugar del muchacho, ella es su único familiar y no volverá a verla dentro de un año. ‒Argumento Gazva.‒ Alcánzala chico. ‒Agrego dirigiéndose al joven.
Yazir miro a su capitán implorándole el permiso, necesitaba ver a su hermana al menos una vez más. Jerim se mantuvo pensativo por varios segundos y luego suspiro con una sonrisa en los labios, su cabeza se movió de arriba abajo en un gesto de asentimiento.
‒ Que sea un secreto, debes prometerlo.
‒ Uno que llevare hasta la muerte.
Respondió Yazir mientras se encajaba el casco sobre su cabeza. Antes de se dieran cuenta el muchacho ya se alejaba a toda prisa por el sendero rodeado de viejos árboles, dejando tras de sí una nubecilla de humo que se desintegraba lentamente.
Gazva miraba al capitán con una sonrisa.
‒ Has hecho bien en dejarle ir. ‒Le dijo.
Camino de Vaargler. 15 de enero del 880 d.d
Cabalgaban en silencio. Alexandra aún se encontraba dolorida luego de que su hermano no se apareciera para despedirle, pero no le culpaba en lo más mínimo, tal vez el no haber acudido era una decisión mucho más sabia que haber estado allí para abrazarla por última vez, las despedidas son duras después de todo. La joven no tenia deseos de hablar y Raven respetaba su decisión, entendía por completo los sentimientos de su enamorada, él nunca tuvo la oportunidad de decirle adiós a su padre cuando el fuerte se desmoronaba en un mar de llamas; comprendía los sentimientos de Alexandra a la perfección ya que el mismo los había vivido en su propia piel.
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Padres e hijos
AcciónPadres hijos nos cuenta dos historias distintas pero a la vez muy relacionadas entre si. Teniendo como protagonistas a dos hombres de la misma aldea que son buenos amigos pero que se irán separando y volviendo a unir a medida que transcurre la hist...
