Ciudad Capital. 16 de octubre del 879 d.d
No le gustaba la actitud del joven. Le miraba en todo momento con hostilidad, además, desde que se encontraran frente a frente no había apartado su mano del pomo de la espada, siendo esto último lo que más le incomodaba. Por si fuera poco, desde que llegara no se dignaba a gesticular palabra, solo aguardaba a que el iniciara la conversación.
-Raven, hijo de Barguer.
Al hablar el joven le demostró una amplia sonrisa mientras deslizaba una de sus manos a través de los barrotes que actuaban de intermediarios entre ambos. Ante aquella acción tan repentina el soldado separo un tanto la espada de la vaina, pero al notar que solo se trataba de un apretón de manos dejo que los músculos de su brazo se relajaran. El oriundo de Vaargler espero un par de segundos con la extremidad estirada, sin respuesta alguna, por lo cual dejo que el brazo volviera a su posición inicial.
-Provengo de Vaargler y traigo una carta para el rey Osmar.
-Dame la carta a mí, me encargare de que llegue a él. –El hombre del castillo poseía una voz bastante ronca.
-Se me han dado órdenes de que la entregue en persona.
-¿De quién provienen esas órdenes? –Sus facciones se endurecieron aún más.
-De Barguer, capitán de las levas de Vaargler.
-¿Crees que un simple capitán de leva puede dar órdenes sobre alguien del Ejercito Real? Aquí los hombrecitos de pueblo no tienen jurisdicción alguna. –Termino entre risas.
Era algo que Raven se esperaba desde el momento en que se le había encomendado entregar aquella carta cuyo contenido en realidad desconocía. Desde hace varias décadas ya que las levas ciudadanas eran mal vistas por parte del resto de las numerosas facciones militares que se encontraban distribuidas por el reino, despreciándolas siempre por estar constituidas en su mayoría por campesinos que solo poseían conocimientos básicos en el uso de la espada. Pero pocos recordaban aquellas épocas oscuras en que esta tropa había sido fundada, una época en donde el crimen asolaba las calles de las grandes y pequeñas ciudades, tiempos en los cuales ninguna de las facciones existentes había logrado remediar la situación. Bajo aquella condición fueron creadas sus tan queridas tropas, con la misión de enseñar a los aldeanos a defenderse por sí mismos y a formar tropas ciudadanas que se encargaran de velar por sus propias ciudades. De aquella manera nacieron la facción que con el paso de varios años lograría reducir la tasa criminal a niveles muy bajos, de no haber sido por ellos el reino probablemente aun continuara hundido en aquel agujero en donde se encontraba varias décadas atrás. Pero el tiempo fue pasando y los gobernantes fueron olvidando a sus anónimos héroes que les salvaran, las tropas cayeron en estatus y poco después ya solo eran un recuero de épocas difíciles.
-Necesito entregar la carta. –Dijo Raven, irritado ante la burla del otro.
-El rey no tiene tiempo para cosas de campesinos. Además, en este momento no se encuentra en palacio, volverá al caer la noche.
-Entonces le esperare aquí. –Contesto con un brillo de desafío en los ojos.
-Poco me importa lo que tú hagas.
El soldado comenzó a alejarse con lentitud, volviendo sus pasos hacia la posición inicial en que le había encontrado minutos atrás. Raven en cambio se sentó con la espalda afirmada sobre los helados barrotes, dijo que esperaría y pensaba cumplir con su palabra.
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Padres e hijos
ActionPadres hijos nos cuenta dos historias distintas pero a la vez muy relacionadas entre si. Teniendo como protagonistas a dos hombres de la misma aldea que son buenos amigos pero que se irán separando y volviendo a unir a medida que transcurre la hist...
