Capitulo 26: Yazir.

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Posada, Ciudad Capital. 10 de enero del 880.

Ciara se encontraba inmóvil parada en la entrada de la habitación, con los ojos puestos sobre la encorvada figura de la joven. Compartía en todo momento el dolor y la desesperación de Alexandra, algo la obligaba a buscar en su mente palabras de consuelo que pudiesen ayudarle, al mismo tiempo otro extraño sentimiento la llevaba a callar, convirtiéndola en un mero ser vigilante.

Dio un par de pasos en dirección a la joven, deteniéndose medio metro más cerca de ella, intentando gesticular alguna palabra que jamás vería la luz, ahogándose en algún lugar de su garganta, uniéndose a las tantas que le precedieran durante los minutos anteriores, todas ellas abortadas incluso antes de recibir un nombre definitivo. La observo desde cerca, desde allí Alexandra parecía una pequeña que se ha fastidiado por algo: sentada en el suelo junto al bordillo de la cama, con el rostro oculto en una especie de cuevecilla formada por la unión de unas rodillas flexionadas y unos brazos enlazados alrededor de estas. Pasada cierta cantidad de tiempo levantaba la cabeza para secarse las lágrimas con la ayuda de sus ya muy humedecidas palmas, acto seguido empuñaba las manos a fin de restregar sus ojos contra los nudillos, y antes de que pasase medio minuto volvía a hundir las facciones en la oscura cuevecilla.

‒Lo perdería todo si algo llega a ocurrirle.

Con el rostro oculto era muy difícil comprender las palabras de la joven, si a esto se le sumaba su constante llanto una frase tan simple como aquella se transformaba en un nuevo e incoherente idioma imposible de entender. Ciara pensó unos cuantos segundos en las silabas y letras inconexas que alcanzo a escuchar antes de que volviese el silencio, su mente trabajo a toda prisa para dar con la resolución del acertijo. "Lo perdería todo si algo llega a ocurrirle". Una sonrisa de compasión se dibujó en sus labios, era conocedora de la situación, Yazir era el único familiar que le quedaba, conocía el pasado de la muchacha, tenía plena conciencia de todo lo que había sufrido en el pasado y de como también lo hacía en aquel momento.

‒Estoy completamente segura de que Raven lo traerá de vuelta.

‒ ¿Cómo puedes estar tan segura?

‒Pues porque él dijo que lo haría, y hasta ahora él nunca ha roto su palabra.

Interior del Fuerte Proclamation. 10 de enero del 880 d.d

Roy esquivo la estocada con un movimiento ligero, casi sin esfuerzo. Los movimientos de su contrincante eran tan lentos y carentes de ánimo que se habían convertido en simples acciones completamente predecibles para él, como si de un juego de niños se tratase esquivaba cada ataque, burlaba las defensas de su rival y se dedicaba a humillarlo en frente del resto de militares igual de desmoralizados ante la inminente derrota. Pero aunque con el tiempo los ánimos de los contrarios iban decayendo estos se negaban a rendirse, continuaban luchando ya sin fuerzas ni temple, dedicándose a atacar y esquivar como maquinas programadas para tal labor, sin darle importancia ya a la batalla que se desarrollaba frente a ellos.

Miro a su alrededor a la vez que volvía a esquivar un débil ataque, todos sus compañeros habían aniquilado a sus contrincantes, no quedaba ningún otro militar vivo en aquella habitación, sin embargo el continuaba allí, entreteniéndose con aquel que había perdido ya todo atisbo de esperanza y voluntad. Volvió la vista al demacrado rostro de su rival, la expresión del pobre hombre le pedía a gritos acabar con aquella humillación, el soldado era conocedor de su destino e imploraba a los dioses que le dieran un final rápido, uno en la gloria de la batalla, luchando contra un digno rival, prefería eso a rendirse y volverse la risa del mundo. Roy se dio cuenta de que había llegado el momento de culminar con aquella humillación, su contrario se encontraba condenado a la muerte desde hace un rato y él solo se dedicaba a alargar aquel malvado suplicio. Cerró los ojos por un par de segundos a la vez que llenaba sus pulmones en un suspiro, miro a su enemigo para indicarle que el momento había llegado, cambio su postura defensiva por un ataque.

Padres e hijosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora