Calle principal, Ciudad Capital. 10 de enero del 880 d.d
Era el día de la semana en que los mercaderes se reunían en la calle principal para promocionar y vender sus productos, cientos o quizás miles de personas se arremolinaban en el lugar, avanzando lentamente de puesto en puesto buscando los precios más bajos, la mejor calidad o simplemente curioseando las nuevas adquisiciones de algunos mercaderes. Raven y Alexandra se encontraban también en el lugar, avanzando con calma a través de la gran multitud, tomados con firmeza de las manos.
Llegaron al final de la muchedumbre y a la vez de los puestos, la calle continuaba más allá en un largo trayecto, pero el mercado terminaba en aquel lugar, desde ese punto las tierras dejaban de pertenecer al pueblo para ser parte de una de las variadas ramas militares del reino. Allí, al final de la calle, se encontraba uno de los más importantes puntos militares de la capital: el fuerte Proclamation, cuartel principal de la Guardia Ciudadana.
Ambos miraron con preocupación el alejado edificio, Alexandra dio un ligero apretón sobre la palma del joven.
‒Aún no ha pasado nada, puede que ya no existe razón para preocuparse.
‒ ¿Crees que Héraut ha desistido de sus deseos?
Alexandra estaba segura de que en esta ocasión Raven se equivocaba por completo, sabia casi por certeza de que en realidad el momento se encontraba muy cerca. Héraut se encontraba muy seguro de sus convicciones en cuanto a generar un cambio mediante una revolución, era estúpido pensar que dejaría las cosas a medias, no en el momento en que la gente comenzaba a pensar que la causa de los rebeldes era justa, no luego de hacer temblar al mismísimo rey.
‒No estoy seguro de nada, tan solo espero que abandonara sus ideas. ‒Suspiro.‒ Si llega a intentar otra cosa en la capital se convertirá en prioridad máxima para todas las fuerzas militares y yo me vería en la horrible obligación de darle caza.
‒Rezo a los dioses porque ese momento no se vuelva realidad.
Libero su mano de Raven y tomo la actitud típica para rezar, cerró los ojos para abrirlos a los pocos segundos luego de levantar una breve plegaria.
‒Deberíamos irnos, Héraut nos advirtió que no nos acercáramos demasiado. ‒Miro por última vez al edificio.‒ Las cosas podrían ocurrir en cualquier momento.
‒Tienes razón.
El que ese momento llegara la preocupaba, después de todo Raven ahora pertenecía a la mismísima Guardia Real, debía enfrentarse a cualquier cosa que atentara en contra de la vida del monarca, y como era de esperar la rebelión de Héraut era una de esos tantos peligros. Aborrecía el pensamiento de que su propio novio en cualquier momento podía batirse en contra de su mejor amigo al estar en bandos contrarios, uno de ellos un soldado al servicio de Osmar III, el otro un rebelde que codiciaba arrancar del trono al mismo, la tragedia era inminente.
Juntos emprendieron el camino de vuelta a la posada.
Ciudad Capital. 10 de enero del 880 d.d
Los hombres se reunieron en uno de los tantos callejones que nacían desde la calle principal de la ciudad, el bullicio de la multitud que se reunía debido al mercado causaba que su conversación se perdiera en medio del desordenado coro ciudadano.
Se trataba tan solo de tres individuos, todos ellos vestidos de igual manera, con capas y mantos marrones que cubrían sus identidades. Solo uno era capaz de destacar entre ellos: se trataba de un hombre gigante, por sobre los dos metros, de músculos macizos y voz profunda. Los otros dos eran capaces de pasar desapercibidos a diferencia de su compañero.
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Padres e hijos
AcciónPadres hijos nos cuenta dos historias distintas pero a la vez muy relacionadas entre si. Teniendo como protagonistas a dos hombres de la misma aldea que son buenos amigos pero que se irán separando y volviendo a unir a medida que transcurre la hist...
