Capitulo 33: Recuerdos de un padre

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Casa de Raven, Vaargler. 15 de enero del 880 d.d

Delicadas y suaves manos se aferraban a su hombro izquierdo, sacudiéndole con estricto cuidado pero lo suficientemente fuerte como para despertarlo, tarea que a los pocos momentos seria cumplida a la perfección gracias a la insistencia de quien se había dado a ella. Raven abrió los ojos en medio de incesantes parpadeos, enceguecido debido al mar de luz que se adentraba en la habitación mediante la ventana abierta. Ya un poco menos aturdido por el sueño Raven miro a su alrededor buscando a la persona que le había despertado, a su lado, ya en pie y vestida se encontraba Alexandra, sonriéndole con sus hermosos labios. El joven soldado la miro un par de segundos antes de devolverle el gesto, poco después sus ojos volvieron a cerrarse para sumirlo en la oscuridad, esta vez bajo los suaves movimientos de unos encallecidos dedos que se restregaban en contra de sus parpados.

Inhalo una gran cantidad de aire que luego expulsaría de su cuerpo mediante un profundo suspiro, de esos que la gente da cuando se despierta de un largo y agradable sueño. Intento estirarse, pero una fuerte punzada en su cabeza le obligo a llevarse ambas manos a los sienes; solo entonces pudo recordar que se había pasado toda la noche bebiendo con los otros dos, y así como fue capaz de recordar también se dio cuenta de que moría de sed, lo que más deseaba en aquel momento era beber un largo trago de agua fría.

‒ ¿Cómo has desertado? ‒Pregunto ella, consiente de la resaca de su novio.

‒ La cabeza me duele un poco, aunque la sed es mucho más fuerte.

‒ Pues mira por donde, justo pensé en eso antes de venir a despertarte.

Acto seguido Alexandra le estiro una mano, solo entonces Raven se dio cuenta de que ella sostenía una gran jarra que desbordaba agua. El hijo de Barguer se incorporó sobre su trasero con un movimiento brusco, deseoso por beberse todo el contenido de un único y prolongado sorbo. Recibió el objeto con ambas manos para luego llevárselo a los labios, dando cuenta de su contenido como si no hubiese bebido nada en días; en aquellos momentos el agua le sabía mejor que el vino.

‒ Si bebes tan rápido te vas a ahogar. ‒Le reprendió ella con dulzura.

‒ El agua más deliciosa de toda mi vida. ‒Respondió el tras vaciar el recipiente.

‒ Seguro dices lo mismo cada vez que despiertas con resaca. ‒Bromeo ella, sonriente.

Raven le respondió con una carcajada interrumpida por el dolor que esta le provocaba, por un momento le pareció que su frente estaba a punto de explotar.

‒ ¿Cómo has despertado tú? ‒Pregunto pasados unos segundos.

‒ Pues cuando abrí los ojos me encontré con un hombre muy apuesto durmiendo a mi lado, y para mejorar las cosas se encontraba totalmente desnudo. ‒Contesto ella mientras se sentaba a su lado.‒ Todos mis días son felices si me despierto junto a ti. ‒Añadió, hablando muy cerca de su cuello.

‒ Aunque serian mejores si ese hombre no tuviera resaca. ‒Bromeo mientras la miraba directamente a los ojos.

Alexandra dejo que sus manos acariciasen las mejillas de Raven.

‒ Aun así soy feliz.

Acto seguido le beso con pasión, deseando que aquel momento se prolongase eternamente. Las manos del joven recorrieron su cuerpo, buscando una manera de desnudarle sin que sus labios llegasen a separarse.

‒ No podemos. ‒Replico Alexandra.

‒ ¿Por qué? No hay nada que nos detenga. ‒Dijo el soldado antes de volver a besarle.

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