Fuerte Proclamation, Ciudad Capital. 10 de enero del 880 d.d
Al salir de las entrañas del fuerte Roy se encontró con una ligera fiesta montada por los victoriosos hombres de su facción, quienes a vivo pulmón cantaban en honor a la victoria por sobre los Chevaler, agradeciendo a los dioses en oraciones o bebiendo vino y agua traídos por ciudadanos adheridos a la causa. Roy miro en todas direcciones buscando a una persona cercana en medio de los extasiados supervivientes, su cabeza iba de un lado a otro en vista panorámica intentando localizar al hombre, quien a su pensamiento no debía ser difícil de encontrar debido a su gran porte, sus marcadas cicatrices y sus duras facciones. Finalmente, tras unos largos segundos, se lo encontró charlando animadamente con un pequeño grupo de ciudadanos que se habían acercado para conocer más acerca de los tan temidos Citoyens, el más joven de entre ellos no era más que un niño, que miraba con brillantes ojillos al gigante, lleno de emoción y admiración hacia tal hombre.
Se acercó al otro con una sonrisa en los labios y un ligero corte en la mejilla derecha, uno que dejaría una leve cicatriz pero que a la vez carecía de importancia alguna. El rostro de su hermano se encontraba lleno de aquellas honorable marcas de guerra y a él no parecían avergonzarle, todo lo contrario, lo hacían llenarse de orgullo al narrar como se las había hecho, recordando con extrema exactitud la fecha y causa de cada una de ellas.
Llego frente a su hermano, quien dejó de lado a sus interlocutores para recibirlo con un fuerte apretón de manos y un cálido abrazo.
‒Me alegra que te encuentres bien. ‒Le dijo mientras aún se encontraban enlazados.
‒Eras tú el que más me preocupaba. ‒Respondió Roy mientras se separaban.‒ Después de todo la batalla más difícil se ha librado aquí afuera, contra los Chevaler.
‒ ¿Difícil? Pero si han caído como moscas.
Se burló su hermano con una amplia sonrisa en sus duras facciones, el resto de personas que se encontraban reunidas alrededor de ambos acompañaron la pulla con estridentes carcajadas, incluso el niño se partía de risa ante algo que quizá ni siquiera terminaba de comprender. Pero la felicidad es mágica, y cuando uno ríe es imposible que el resto no se le una.
‒ ¡Cielos! ‒Exclamo el gigante una vez la diversión hubo cesado.‒ A veces me olvido de que poseo modales. Señores, este que ha llegado a nuestro lado es nada más y menos que mi hermano menor, el segundo mejor soldado que poseen los Citoyen.
‒He aprendido del mejor.
Pronuncio mientras estrechaba las manos de cada uno de los congregados allí.
‒El mejor soy yo.
Se pavoneo su hermano con sonrisa vanidosa, una vez más los ciudadanos estallaron en risas.
Cuando ya se hubieron calmado Roy se apresuró en decir:
‒Ha sido un verdadero placer conoceros, pero si me disculpáis necesito hablar a solas con mi hermano.
Los otros miraron al gigante buscando averiguar que pensaba el de aquello, este les devolvió la mirada con un gesto de asentimiento, por lo cual comenzaron a despedirse de ambos con una amplia sonrisa en los labios.
‒Lo siento si digo lo obvio, pero este no es el momento de relacionarse con la gente. ‒Dijo Roy una vez aquellas personas se encontraban lo suficientemente lejos para no escucharle.‒ Nos encontramos en territorio hostil hermano.
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Padres e hijos
ActionPadres hijos nos cuenta dos historias distintas pero a la vez muy relacionadas entre si. Teniendo como protagonistas a dos hombres de la misma aldea que son buenos amigos pero que se irán separando y volviendo a unir a medida que transcurre la hist...
