Capitulo 46: Siete guerreros

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Posada, Ciudad Capital. 21 de enero del 880 d.d

Cada uno de los presentes le observaba en silencio, aguardando con paciencia el momento en que decidiese salir de su incredulidad inicial. Inmerso en sus pensamientos, Raven detenía la mirada en cada palabra de aquella caligrafía poco desarrollada, recordando como las pequeñas manos de Lyra eran capaces de trazar mejores líneas que las impresas en el pergamino.

‒ Guildor.

Escupió cada letra de aquel nombre, juntando las silabas en compañía de un desagradable sabor en la garganta. Desbordado de ira, Raven fue dejando atrás todo el cansancio acumulado durante la batalla anterior; con tal de rescatar a Alexandra era capaz de llevar su cuerpo al límite, sin impórtale las consecuencias que esto pudiese conllevar.

El delicado tacto de Ciara le arranco de sus terribles pensamientos con respecto a Guildor.

‒ Tienes que hacer algo. –Rogo la mujer.

Con la mirada fija en su interlocutora, Raven permaneció en silencio mientras buscaba la mejor opción para liberar a Alexandra de las garras de aquel bastardo resentido. Pasados un par de minutos que parecieron eternos, el joven militar carraspeo para aclararse la garganta.

Dirigió su mirada hacia el muchacho que se encontraba a su lado.

‒ Soy consciente de lo cansado que estas, pero necesito tu ayuda.

Roy asintió con una sonrisa en los labios.

‒ Cuenta conmigo para lo que sea.

‒ No sabes cuánto te lo agradezco. ‒Le dijo mientras dejaba caer las manos sobre los hombros de su compañero.‒ Se dónde vive ese desgraciado, creo que lo mejor sería hacerle una visita para asegurarnos de que el punto de reunión mencionado en la carta no sea un señuelo. Lo más probable es que esto acabe en un derramamiento de sangre, ¿sigues dispuesto a ayudarme?

‒ Por supuesto. ‒Roy extendió sus manos, permitiendo que el resto observase sus palmas vacías.‒ Los militares apenas me han permitido conservar la daga, necesitare un arma más grande.

Raven observo a Ciara con gesto de culpabilidad.

‒ Dime con cual te manejas mejor, tengo un par de cosas ocultas en la habitación.

‒Recuerdo haberte prohibido traer tus instrumentos de guerra. ‒Le reprendió la mujer, claramente molesta.

El militar le acaricio la mejilla.

‒ De haberte hecho caso, ahora mismo estaríamos metidos en serios problemas. ‒Dirigió su mirada a Roy.‒ ¿Y bien?

‒ Con una espada me basta, aunque también soy bueno lanzando cuchillos.

‒ Te confiare la espada de mi padre.

Raven se alejó de los presentes en dirección a la cama que tantas noches había compartido con Alexandra, anhelando que aquella hubiese sido una como tantas otras. Ya junto al lecho, se dejó caer de rodillas para comenzar a tantear en busca del arma que perteneciera a su padre, arruinada por las llamas y vuelta a forjar por orden de Edregan.

Con el objeto ya en sus manos, se acercó a Roy para hacerle entrega de aquello que tanto apreciaba.

‒ No es tan ligera como lo parece. ‒Le advirtió.‒ Cuídala, posee un gran valor. ‒Agrego al momento del intercambio.

Padres e hijosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora