Un beso provocador

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Me enfrasco en el trabajo para sobrellevar mi vida y olvidar a Candy por unas horas. Prolongó mis actividades intentando cansarme lo más que puedo para cuando llegue a casa dormir pronto y mitigar este dolor que tengo en el pecho, por la posibilidad de que Candy se irá con Terry muy pronto dejándome totalmente enamorado sin ser correspondido.

Por las noches llegó tarde, la encuentro durmiendo en el sofá, la cargo con cuidado de no despertarla para llevarla a su habitación, la abrigo y le secó los residuos de lágrimas de sus lindas esmeraldas.

Aunque ayer pasó algo inusual a la hora de llevarla a su dormitorio, ella tenía unas hojas en su pecho y sin querer vi los dibujos, no quiero pecar de narcisista pero estoy seguro que soy yo; es un dibujo muy bueno junto a otro que no lo es tanto, dejo a mi linda señorita en la cama y las hojas al lado de ella. Será posible que sus lágrimas sean por mí... no quiero hacerme ilusiones, pero no puedo evitar tener una esperanza.

El día de hoy salí temprano del trabajo, me topé con los chicos en el parque, ellos organizaron todo para festejar el cumpleaños de Candy, el convivio lo programaron a la una de la tarde pero ella no ha llegado y ya son la una con quince, decido ir a buscarla y de una vez traer a Poupée, al llegar a casa todo está en absoluto silencio, Poupée está acostada en su cojín, me acerco a ella y la acarició, después me dirijo al cuarto de la dueña de mi corazón, la puerta está entreabierta y la puedo vislumbrar, se ve tan hermosa con ese vestido azul, sin duda ese color le va bien, la saludo, discutimos y cuando empieza a llorar no puedo evitar abrazarla e intentar consolarla porque cuando la veo sufrir realmente me conmueve. Después nos subimos al coche con Poupée para encontrarnos con los chicos y le digo:

—pensé que Terry te llevaría al parque

—pues ya te diste cuenta que no es así

Me cuesta todavía pronunciar el nombre de Terry así que no indagó sobre su relación con él y me concentro en manejar, llegamos pronto, el parque no está lejos de la casa, estacionó el auto lo más cerca de nosotros, le abro la puerta para que se baje y la escolto hasta llegar con los chicos disfrutando de su cercanía, al ver que ella no me suelta el brazo le tomé la mano para deshacer el agarre de manera sutil y le sonreí diciendo:

—vez sólo faltabas tú

—cierto todo está listo: la mesa, la comida y el pastel...todo luce genial

Candy es acaparada por sus amigos mientras yo la observó como intenta ser feliz. Me pongo a caminar cerca del lago y de pura casualidad me topé con los músicos callejeros de la semana pasada, mientras estaba contratando sus servicios los invitados tomaron su lugar en la mesa improvisada. Al llegar junto a los demás me senté al lado de la chica de mis sueños, hubiese preferido estar más lejos de ella pero era el único lugar disponible en la mesa. En eso Archie se dirigió a mí —Albert haznos el favor de hacer el brindis

Este pedido me toma de sorpresa más sin embargo me pongo de pie mientras todas las miradas se posan en mí y con toda seguridad empiezo con el discurso improvisado:

—Pido a todos los aquí presentes un brindis para la señorita Candy— la tomo del brazo con sutileza para obligarla a pararse, ella se levanta de la silla como si fuera lo más natural del mundo —este brindis es para celebrar el cumpleaños de nuestra dulce Candy y de festejar que la tenemos en nuestras vidas alegrándonos en todo momento— después sin querer volteó a ver su rostro, en ese momento mi mirada se cruzo con la de ella, estoy consciente que puedo apartarme de su vista pero hay un deseo involuntario que emerge de pronto en mi ser obligándome a verla directo a los ojos y digo con toda la sinceridad que puedo —gracias por estar a mí lado cuando más te necesitaba, cuando nadie creía en mí...tú me apoyaste de manera incondicional

Y si, te digo que siHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora