Un beso glorioso

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Albert se fue a finales de verano, cuando le mandé la primer carta todavía habían días cálidos, pero el tiempo pasa como paso el otoño cuando las hojas caen de los árboles y los días se vuelven cada vez más fríos. Archie también se a ido, se fue para estudiar la universidad en Massachusetts y poder ayudar a la familia con los negocios. Por lo que Annie y yo compartimos el mismo sufrimiento.

El invierno ya llegó y yo no he recibido ninguna noticia de Albert. Después del trabajo cuando llego a casa siempre busco en el buzón pero hasta ahora no he recibido nada, cada día que pasa me decepcionó más y mi impotencia de no poder estar con él aumenta significativamente.

Navidad llegó, Annie me invitó a pasar noche buena en casa de sus padres pero decidí no ir porque no soy buena compañía en estos momentos. Archie que está de vacaciones también me ofreció celebrar estas fechas en la residencia Andrew junto a la tía Elroy pero opte por no ir, prefiero estar en casa y esperar a Albert, aunque se que no vendrá todavía guardo la esperanza de verlo entrar por esa puerta de madera. Decore la casa, puse cortinas blancas con flores rojas, en la puerta principal colgué una corona hecha de hojas de pino, adornado con esferas y, con un moño rojo y grande en la parte superior, el pino está en una esquina de la sala, el pequeño árbol tiene esferas rojas y azules, la escarcha plateada está puesta en forma de espiral enrollando al pino y en su punta deposité una estrella dorada. Para comer prepare pavo relleno, puré de papas, ensalada de manzana, pay de queso y compre vino blanco para la ocasión. Pero cada que pasan las horas mis ánimos disminuyen más y más. Cerca de media noche empecé a comer sin muchos ánimos, a pesar de tener un buen apetito está vez no pude cenar, los alimentos a pesar de tener buena presentación y buen sabor no me pasa por tener un nudo en la garganta, sin poderlo evitar por más tiempo empecé a llorar, sin delicadezas tome la botella de vino, después me dirigí a la ventana, veía las calles blancas por la nieve, el cielo era negro con algunas estrellas y varias nubes grisáceas, podía ver a familias felices del otro lado de la acera, la envidia empezó a apoderarse de mí, ellos eran plenos por que tenían cerca a sus seres queridos mientras que yo me ahogaba en esta mi casa cálida y pequeña pero que sin Albert la siento grande y fría. Tomé el vino como si fuera agua sintiendo el ardor en mi garganta por el alcohol, cuando empecé a toser opté por dejar de ver por la ventana, hice a un lado mis pensamientos negativos, deposité el vino en la mesa y guarde la comida para después irme a la habitación de Albert para intentar dormir.

Pasaron dos meses, al llegar a casa grité con gran emoción "¡Wooow!" ¡Por que en el buzón encontré la carta que tanto añoraba!, lo tome con las manos con mucho entusiasmo, me metí a la casa como un torbellino, cerré la puerta y me dirigí al patio trasero para subirme al árbol y poder leer a gusto la misiva que me escribió mi príncipe. Después de leer una y mil veces la carta me la aprendí de memoria, estoy suspirando, me siento como en un sueño y decido entrar a la casa para escribirle a mi Albert. Después de escribir la carta la llevé al correo para esperar su contestación.

Llegó el día de mi cumpleaños, en realidad no tenía ánimos para celebrarlo, pero Archie, Annie y Paty me regalaron un pastel, y me dieron obsequios, sé de su esfuerzo por darme ánimos en estos momentos de soledad, por eso intento sonreír al estar con ellos para no preocuparlos pero cuando estoy sola me gana la nostalgia. Pasan los días y los meses, otra vez no tengo noticias de Albert. Es verano de nuevo, siento tanta incertidumbre que me pongo un lindo vestido lila y voy a la mansión Andrew para saber si Archie ya está de vacaciones y preguntarle si él sabe algo de mi prometido.

En la residencia Andrew me dejaron pasar sin ningún contratiempo por que ya me conocen como una integrante más de la familia, cuando entre al recibidor pude ver a lo lejos a Albert, me quedé inmóvil como una estatua al ver como le sonreía a Eliza mientras que ella se acercaba a él de manera coqueta para besarlo, sin darme cuenta mis ojos ya estaban desbordando gruesas lágrimas amargas sintiendo como se me desgarraba el alma, quizás debí de interrumpirlos y marcar mi territorio, gritarle a ¡esa! que ese hombre no se toca por que es solo mío pero no lo hice, no quería hacer un escándalo, tal vez fui débil y cobarde por darme la vuelta y salir apresuradamente de la casa con el corazón destrozado. Estando en el patio delantero ya cerca de la salida principal sentí que una mano fuerte me sostenía del brazo impidiéndome avanzar hacia mi objetivo, al voltear el rostro lo vi a la cara, el tiempo lo vuelve cada vez más hermoso, me estoy acostumbrando a verlo con trajes negros a su medida, su pelo rubio cenizo lo tiene ligeramente más largo de como lo tenía la última vez que lo vi dándole un aire salvaje y rudo, sus ojos me ven los labios, sus manos me toman de manera posesiva acercándome a él mientras que su boca busca la mía, cuando sus labios están sobre los míos recuerdo que estoy desilusionada, enojada y triste por eso intento alejarme de él, Albert al darse cuenta de mi actitud me dice con melancolía:

—por favor no me rechaces, no sabes cuanto te he extrañado... Te lo suplico solo bésame

Al escuchar su voz y sus palabras no pude soportarlo más, era indignante que mi príncipe suplicara, él no está para humillarse, a pesar de mi decepción, de mi enojó y tristeza me entregué a un beso glorioso con él hombre que amo.

Al escuchar su voz y sus palabras no pude soportarlo más, era indignante que mi príncipe suplicara, él no está para humillarse, a pesar de mi decepción, de mi enojó y tristeza me entregué a un beso glorioso con él hombre que amo

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Continuará...

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