VEINTISÉIS

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Jongho miraba en silencio al pelinegro que estaba de espaldas sacando ropa de su armario, igual de silencioso que él.

Eran las tres de la tarde y Yunho estaba preparándose para salir, y el menor sentado en la cama seguía con la curiosidad a flor de piel, queriendo saber a donde iba a ir y con quién.

—¿No vas a decirme adónde vas? —preguntó, y sin poder evitarlo enfocó la vista en las marcas de la espalda desnuda de Yunho, haciéndolo sonreír ladino al recordar que él era el dueño de ellas cuando la noche anterior habían estado por un buen rato en lo mismo.

—Voy a salir con mis compañeros de clase —respondió por fin, colocándose la camiseta—, la semana que viene tengo examen tras examen así que quiero despejarme hoy.

—Oh, bueno, espero que te diviertas, hyung.

Yunho lo miró unos segundos y notó inmediatamente la decepción en el rostro del pelirrojo, así que se acercó y le acarició el cabello.

—¿Qué pasa? —preguntó ahora el pelinegro sin dejar de mover su mano, viéndolo atento.

Jongho suspiró por lo bajo mientras se permitía sentir el cálido toque.

—Quería que te quedaras conmigo —admitió con la vista baja, sonrojándose un poco por la confesión.

—Lo haría pero ya estaba comprometido con ellos desde la semana pasada —explicó tranquilo—, igual no voy a demorar mucho.

—¿Y después te voy a tener sólo para mi? —inquirió sonriendo ya más animado.

—No lo sé, puede ser —declaró antes de quitar la mano y hacer el ademán de alejarse unos pasos, pero inmediatamente el pelirrojo agarró su ropa y lo jaló con fuerza hasta hacerlo caer encima suyo—. Jongho...

—¿Sí? —murmuró mientras sonreía divertido, metiendo sus manos por debajo de la prenda ajena para acariciar lentamente la espalda del mayor.

—Tengo que irme.

—No quiero —dijo estirando su labio inferior, y sin vueltas se aferró al cuello del pelinegro.

Yunho estaba intentando levantarse pero tenía a Jongho aferrado cómo un koala a su cuerpo, así que estaba esperando que se dignara a soltarlo.

—Vamos, debo irme, no seas caprichoso. Estuve contigo hasta el mediodía.

—No es suficiente, hyung —murmuró con el rostro escondido en el cuello del pelinegro, respirándole y rozando la piel con sus húmedos labios, esperando que el mayor ceda y no se fuera.

Entonces, Yunho se separó un poco y sin perder tiempo lo agarró del cuello y lo hizo quedar contra la cama de un fuerte empujón, sacándole un jadeo al menor.

Jongho no evitó sentirse triunfante cuando sintió el agresivo toque en su cintura mientras los labios del rubio le daban atención a su cuello. Casi gimió impaciente, pero de un momento a otro el mayor se separó y lo dejó tirado en la cama con el desconcierto recorriendo todo su rostro.

—Te veo después, necesitado.

—¿De verdad vas a dejarme así? ¡Eres malo! —vociferó cuando Jeong abrió la puerta y se volteó sólo para fingir que se reía cómo un desquiciado, lleno de burla y mofa.

—Tienes tu manito, bebé, puedes ponerle mi nombre si quieres, no me enojo —dijo sonriendo, y Jongho realmente quiso tirarle con algo mientras sentía sus mejillas y orejas calientes.

Se levantó de un salto y salió detrás del mayor que iba a mitad del pasillo, y sin dudar se pegó a su espalda y le agarró el trasero con fuerza, causando que Yunho se detuviera abruptamente y se volteara a verlo de forma asesina.

Malcriado | 2HoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora