VEINTITRÉS

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Yunho estaba sentado en su escritorio estudiando cuando la puerta de su cuarto se abrió y Jongho se asomó con cautela, encontrándose con la espalda desnuda del mayor.

El pelirrojo suspiró casi resignado, porque ya no podía evitar sentirse atraído cada vez que veía al mayor, mucho menos cuando estaba semidesnudo.

—Hyung —llamó desde su lugar, sólo entonces el pelinegro se volteó sorprendido puesto que no lo había escuchado entrar.

—¿Qué ocurre?

—¿Puedo quedarme contigo?

—Estoy estudiando, Ho —negó tranquilo, pero entonces el menor asomó su mano que sostenía un libro.

—Yo también tengo que estudiar —informó tímido, y Yunho sólo pudo sonreír y hacerle una seña para que entrara.

Jongho sonrió inmediatamente y entró, cerró la puerta con cuidado para no causar mayor ruido y enseguida se fue a la cama ajena para sentarse contra el respaldar.

—¿Qué tienes que estudiar? —preguntó Yunho mientras se devolvía a lo suyo.

—La historia de Corea. Divertido —soltó con sarcasmo mientras buscaba las páginas a leer.

Yunho sonrió de lado al oírlo, puesto que él ya había dado ese examen y estudiarlo había sido la mierda más aburrida, pero era necesario.
Entonces, recordó que Jongho estaba yendo a su antiguo instituto.

—¿Tienes al profesor Kan?

—Sí —respondió el menor mientras acomodaba sus piernas de forma que el libro quedara cómodamente frente a sus ojos.

Yunho se levantó de su silla y comenzó a rebuscar en unas cosas, hasta que de una carpeta sacó unas hojas y se las llevó al pelirrojo que lo miró sin entender.

—Es mi examen —informó mientras le daba un rápido vistazo—, sé que el profesor Kan tiene la costumbre de dar las mismas preguntas, o al menos la mayoría, quizá te sirva si lo usas de base para estudiar.

—¿En serio? Genial, gracias hyung —dijo alegre mientras se incorporaba, pero en el momento que quiso tomar las hojas Yunho las apartó de un rápido movimiento.

—Espera un momento, ¿qué me das a cambio de esta importante ayuda?

—Ayuda que no te pedí, hyung, no tienes que pedirme nada a cambio si tú te ofreciste —soltó alzando una ceja.

—Oh, es cierto, tienes razón —dijo sonriendo—, supongo que no lo necesitas entonces.

—¡Sí lo necesito! —detuvo rápidamente cuando lo vio con intenciones de ir a guardar el examen—, puede servirme, así que sí lo quiero.

—Bien, pero quiero algo a cambio. Yo no hago caridad, ¿sabes?

—Hacer caridad es bueno, hyung —murmuró.

—A ver, mocoso, dame un beso y deja de estarme cuestionando —bramó ya molesto mientras agarraba el mentón del pelirrojo que no se aguantó la sonrisa de diversión al verlo enfadado.

Jongho se arrodilló en la cama con un movimiento sutil mientras la mano del pelinegro lo seguía sosteniendo del mentón. Se impulsó un poco hacia arriba y al instante pegó sus labios a los del mayor que lo recibió ansioso.
Una mano del menor subió hasta su nuca y presionó un poco mientras movía con más demanda sus labios, esperando ser correspondido de la misma forma, sin embargo lo que recibió fue más que eso, porque Yunho tiró las hojas sin importancia antes de empujarlo bruscamente a la cama y echarse encima suyo.

—Hy-hyung... —jadeó sintiendo las manos acariciar su cuerpo debajo de la camiseta, mientras los dientes y lengua se encargaban de atender su cuello.

Malcriado | 2HoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora