Mihail
La idea de compartir mi vida con la de alguien más siempre fue un tanto preocupante para mí porque tengo tendencias misantrópicas que me hacen tener un rechazo, aversión y desprecio a algunas actitudes humanas llevándome al punto de eliminar a ciertas personas de mi círculo social por no soportarlas en lo más mínimo.
Una de las actitudes que más desprecio es la falta de respeto a mi privacidad siendo eso lo que forma parte de mi desde que apenas era un niño por tenerle un aprecio exuberante a cada una de las cosas que voy adquiriendo a través del tiempo, que se convierten en órganos vitales para vivir y que las guardo bajo llave para que nadie pueda tocarlas, mirarlas y dañarlas porque son tan mías que si un día llegan a faltarme nadie está preparado para enfrentar las más inconcebibles monstruosidades que ejecutaría hasta tenerlas de regreso conmigo.
Aunque que ahora me encuentre en esta etapa tan esplendida donde comparto mi vida íntima con una mujer que tiene todo el poder de hacer con mi vida lo que le plazca dándole rienda suelta a nuestra relación que cada día se vuelve más significativa rompiendo barreras de timidez, vergüenza y modestia en situaciones íntimas me tiene en un periodo de prueba personal por empezar por primera vez a compartir mi vida con alguien de esta manera especial.
Y es esa misma mujer que ahora gime sobre mi cuerpo en medio del caos que formamos, sus uñas se cobran con mi piel el enojo que siente, sus dientes desgarran mis hombros vengándose de mi reprimenda contra sus decisiones absurdas y sus caderas se estrellan contra las mías hiriéndome por medio del placer con la furia de amarme como lo hace sabiendo de lo que soy capaz de hacerle a pesar de amarla como lo hago.
Aprieto su cuerpo con fuerza cuando empieza a temblar en medio de espasmo que la hacen torcer los ojos por derramarse sobre mi cuerpo y beso su cabeza dando la última estocada que me hace llenarla de mí.
—No te voy a perdonar nunca lo que acabas de hacer, Mihail— jadea temblando.
—No quiero tu perdón— digo.
Beso toda su cara sin dejar de abrazarla, me rodea con sus brazos y cae rendida en ellos en medio de un sueño que me transporta a todos los lugares en los que nos hemos hecho uno de esta manera tan bestial.
Nos levantamos mirando el desorden provocado por las secreciones de nuestros cuerpos, nos encerramos en el baño evitando tocarnos para darle la cara a nuestra visita junto a nuestra Bellatrix y salimos para vestirnos del frio que adormece nuestra piel.
Amontono la pared de ventanas corredizas de la habitación rustica que deja ver toda la propiedad debajo de la nieve que empezó a caer en la madrugada, bostezo mirando en mi brazo la cicatriz de la mordedura de serpiente y termino de vestirme cubriendo mi torso desnudo con un suéter observando la chimenea electrónica en el centro de la habitación.
—Necesito que hables con Henry para saber cuándo puede tener un encuentro conmigo— musito colocándome el cárdigan azul.
—¿Qué quieres hablar con él? — pregunta subiendo la cremallera de sus botas.
—Sobre alguien que hace poco me enteré que teníamos en común en nuestras vidas— digo ajustando en mi muñeca el hermoso reloj que acaba de convertirse en mi favorito.
Es un Patek Philippe en oro; me costó más de 10 millones de dólares, de edición limitada con una pulsera de piel de cocodrilo que puedo utilizarlo tanto con trajes para eventos formales como también con atuendos casuales para el día a día.
Reconozco el buen gusto de Bellatrix al escogerlo entre tantos que podían llamarle la atención, lo detalló con cautela preguntando sus funciones integradas para saber si valía la pena comprarlo debatiendo las respuestas con ella misma, me encanta lo perfeccionista que es y cómo me obsequió este lujoso reloj con mi dinero.
ESTÁS LEYENDO
EUFORIA
AçãoLibro 2. Sensaciones que hieren. Dicen que donde hubo fuego, cenizas quedan, pero para Eleora y Mihail, las cenizas nunca fueron suficientes: la llama sigue viva, intensa y peligrosa. Ella ha regresado, más poderosa y decidida que nunca, dispuesta...
