27 de junio.
Los meses pasaron realmente rápido. Para casi julio, Scarlett Dhapunt estaba trabajando en los últimos detalles del lanzamiento con VA, cosa que la hacía verdaderamente feliz mientras se estaba completamente inmersa en ello. Todo lo malo venía al llegar a "casa".
El lugar donde vivía actualmente, era una preciosa mansión victoriana, parte de la herencia de William. Sin embargo, la belleza de la construcción no le quitaba el hecho de ser un lugar completamente frío; y es que, aunque se encontraran en pleno verano, con el sol brillando en lo alto del cielo, incluso siendo más de las seis de la tarde, las flores y los árboles llenos de vida en el jardín y la construcción estuviera pintada de colores brillantes, todavía se encontraba muerta.
Scarlett ya ni siquiera dormía en la misma habitación que William desde que, a finales de marzo, se habían mudado ahí. Nada había cambiado para bien, y en cambio sí parecía empeorar ante los ojos de la mujer. William no había intentado "recuperarla" en ningún momento. Él había seguido con su vida, como si nada y ella había pretendido hacer lo mismo, aunque cada día que volviera a aquella solitaria casa, la energía emocional se le drenara por completo.
A las ocho de la noche, después de su rutina de gimnasio y un baño, la diseñadora se encontraba en la cocina, moviendo las caderas al ritmo de una melodía bastante rítmica, mientras se preparaba algo de comer, ya que lo viernes por la tarde, el personal se marchaba hasta el lunes siguiente como ella había ordenado una vez que llegó a vivir ahí, recibiendo sólo agradecimientos.
El teléfono de la casa comenzó a sonar sobresaltando a Scarlett, quien no estaba acostumbrada a escuchar el sonido.
- Familia Dagger –contestó después de mirar el número desconocido en el identificador.
- Hola cariño –escuchó la dulce voz de Marggot al otro lado de la línea, cosa que la hizo sonreír automáticamente.
- Marggot –chilló con genuina emoción- es un gusto escucharte.
- Y lo será más verme –rió la mujer mayor- he llegado esta tarde a la ciudad y me gustaría que tú y Will vinieran a almorzar conmigo mañana. Tenemos noticias.
- Por supuesto ¿Will lo sabe?
- Sabe que he llegado, no sabe acerca de la invitación, pero cuando se lo digas, él sabrá a dónde traerte –contestó alegre. Sin embargo, Scarlett hizo una mueca. Claro que lo sabía, porque es su madre; y claro que no se lo había dicho, porque ni siquiera cruzaban palabras.
- De acuerdo, en cuanto llegue, se lo haré saber y ahí estaremos mañana, Marggot.
- Está bien, cariño. Descansa, te quiero.
- Y yo a ti, bye.
Scarlett colgó con una sonrisa en el rostro. Hablar con Marggot siempre habría de ser algo bueno y verla significaba un granito de felicidad en su vida gris, ya que, aunque fuera la madre del hombre que la estaba haciendo infeliz, la mujer mayor la hacía sentir segura y querida, y el amor que se tenían mutuamente era una cosa aparte de los problemas entre William y ella.
- Hola –saludó William entrando por la puerta de la cocina, haciéndola darse cuenta que se había quedado inmersa en sus pensamientos.
- Hola –respondió al ver cómo el hombre se servía un vaso de agua de la nevera- ¿ya cenaste? –le preguntó por educación.
- No, yo... -dudó rascándose la nuca- pensaba en invitarte a cenar, pero no tuve tiempo de llamarte y al parecer, llegué tarde –terminó echándole un vistazo a la cena que Scarlett preparaba.
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DAGA ROJA
Teen FictionLa grandiosa diseñadora Scarlett Dhapunt, que con apenas 24 años de edad, se encuentra en la cima del éxito, está perdidamente enamorada de un hombre que es 14 años mayor que ella, desde que era apenas una niña y no parará hasta darle caza y consegu...
