La grandiosa diseñadora Scarlett Dhapunt, que con apenas 24 años de edad, se encuentra en la cima del éxito, está perdidamente enamorada de un hombre que es 14 años mayor que ella, desde que era apenas una niña y no parará hasta darle caza y consegu...
- Así que... -habló la castaña mientras comía su tiramisú de postre. - ¿ya vas a decirme la segunda razón?
William estaba notablemente nervioso, no tanto, a decir verdad, pero sí inquieto e intranquilo por lo que los próximos días traerían a su vida.
- Mi madre vendrá a la ciudad este fin de semana –dijo por fin.
Scarlett lo miró con sus grandes ojos azules como platos.
Marggot Stan, la madre divorciada (por lo menos cinco veces) de William, es una mujer de poco más de 60 años que disfruta de poner a las personas en jaque bajo su escrutinio. Calculadora e intimidante eran dos adjetivos que describían a la mujer mayor, según Scarlett. Sin embargo, no estaba asustada, ni una pizca. Con ella, Marggot había sido siempre una mujer muy dulce. Su personalidad extrovertida había cautivado a Scarlett desde el momento que la conoció, más de diez años atrás. Podría decirse que la veía como una mujer modelo porque no le tenía miedo a nada, tomaba riesgos y echaba a la basura el "qué dirán", que en la época de su primer divorcio con el difunto señor Dagger, era todavía muy importante para una mujer.
- Sabe que la boda es en dos semanas –continuó William- pero quiere conocer a mi prometida.
- ¿Qué? –frunció el ceño- ¡¿No sabe que vas a casarte conmigo?! –le reprochó.
- Preferí contárselo hasta verla –se rascó la nuca- no sé cómo reaccionará, Scar. Seguramente ella todavía piense que eres una niña y ...
- ¿Sabe lo del contrato? –lo interrumpió.
- No, nadie lo sabe. Sólo tú, Ronald y yo. Lo mantendremos lo más íntimo posible, lo sabes.
- Entonces no debería significar ningún problema, Will –respondió sonriéndole para calmarlo.
- ¿Qué quieres decir?
- Marggot, como todo el mundo, creerá que volvimos a vernos después de muchos años y simplemente nos enamoramos. Si ella supiera del contrato, entonces eso sí sería un problema porque entonces creería que estás utilizando a una "niña" –dijo entre comillas lo último. Ambos sabían que ella era una mujer. Una mujer peligrosamente hermosa, pensó William.
William asintió, no completamente convencido –Mi madre es demasiado observadora –suspiró echando su espalda hacia atrás- ella tal vez se dé cuenta de que es una farsa y que no estamos enamorados.
Scarlett se mordió el labio inferior un poco ansiosa. William estaba claramente hablando por él mismo, no por ambos.
- Tranquilo –dijo tomando la mano del hombre encima de la mesa y dando un apretón. Acción que por supuesto mandó una corriente eléctrica a través del cuerpo de William- yo me encargo ¿Ok? Déjamelo a mí. Marggot estará encantada con nuestra unión –terminó guiñándole el ojo.
William sólo la miró y asintió suspirando. Claro que confiaba en ella, después de todo consideraba que Scarlett era similar a su propia madre y era por eso que Marggot la había adorado desde que era una chiquilla mimada, pero muy bien educada. La mujer mayor había dicho siempre que Scarlett tenía potencial para ser lo que quisiera en la vida, no sólo por su inocultable belleza, sino por su carácter fuerte y decidido. Y la realidad era que no se había equivocado, la chica estaba haciendo de su vida algo grande, algo que pasaría a la historia de la industria de la moda y él estaba muy orgulloso de poder llamarla su esposa en un futuro bastante cercano. Aunque no fuera real, pensó lo último llenándose de un extraño sabor amargo. Una sensación nueva y para nada agradable.
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16 de enero. Actualidad.
~ Buenas tardes, Scar. He intentado llamarte, pero tu asistente me ha informado lo ocupada que te encuentras. Sólo quería decirte que nos reuniremos con mi madre el sábado en el campestre. Pasaré a recogerte a las 10. Besos~
Era las 11 de la noche del jueves cuando Scarlett pudo por fin tomar su móvil y ver el mensaje de texto que William le había enviado desde las dos de la tarde. Mensaje que hubiera podido ver si tan sólo se hubiera tomado las horas debidas para el almuerzo. Sin embargo, no se las había permitido. Tenía que trabajar muy duro para despejar su agenda el mayor tiempo posible. No quería decirle a William que debido a la colaboración con VA tendría que reducir su tiempo en la luna de miel, que estaba hundida en trabajo y tal vez ni siquiera tendría un par de días libres si no ocupada todo su tiempo actual en sacar el número de diseños que se habían estipulado en el contrato que había firmado con Chuck la semana pasada. Iba a trabajar el tiempo extra que fuera necesario porque quería estar con él. Estaba segura de que haría valer todo el tiempo que tuviera que sacrificar, una vez estando en la playa con su futuro esposo.
- ¿Qué aflige tu precioso rostro, chère? –preguntó el hombre tomando la barbilla de la chica entre sus delicados dedos.
- Sólo estoy muy cansada –contestó suspirando y cerrando los ojos.
Chuck Arnault estaba fascinado con la señorita Dhapunt. Su belleza e inteligencia eran una combinación mortal que lo habían tenido babeando y con una erección la mayor parte de la tarde que había pasado trabajando en la oficina de la mujer. Por tales motivos, no lo pensó dos veces antes de estampar sus labios en los de ella, tomándola desprevenida, mientras aún tenía los ojos cerrados.
Scarlett abrió los ojos como platos cuando sintió los cálidos labios del francés sobre los suyos propios. Sin embargo, no le duró mucho la sorpresa ya que el hombre se separó casi de inmediato, abriendo sus propios ojos. Había sido un beso casto y breve.
- Chuck... -mustió teniéndolo todavía muy cerca de sus labios. Sus ojos cafés estaban casi negros por el deseo y Scarlett tragó saliva al verse en esa situación.
El menor de los Arnault era un hombre innegablemente atractivo, característica que lo ayudaba de sobremanera a alimentar su reputación de mujeriego. Scarlett se había sentido atraída hacia él desde que lo había visto en el desfile, pero la presencia de William Dagger junto a ella nublaba la presencia de cualquier otro hombre sobre la faz de la tierra ante sus ojos. No obstante, William no estaba aquí y ahora, cuando Chuck le había dado un pequeño e inocente beso que le había gustado, por supuesto, que no sabía qué pensar sobre ella misma.
Por otro lado, el hecho de no haber tenido relaciones sexuales en varias semanas, desde antes de terminar con Jeremy, y encontrarse en una etapa de su ciclo en donde las hormonas estaban a tope, no ayudaba. Su libido estaba despierta, más que en otros momentos.
- Relájate, chère. Eres extraordinaria y lo estás haciendo de la misma manera –susurró Chuck todavía mirándola directamente a esos ojos azules que lo estaban volviendo loco.
Scarlett asintió aturdida alejándose de él discretamente. Ella estaba comprometida y no se sentía correcto, aunque su futuro matrimonio fuera sólo una farsa. Chuck sólo sonrió al ver la manera en la que había desestabilizado a la mujer que lo había tenido igual toda la tarde.
- Creo que es todo por hoy –dijo en tono bajo mientras recogía sus pertenencias, dispuesta a salir corriendo de ahí.
- Estoy de acuerdo.
Mientras recogía sus cosas y se recuperaba rápidamente de su impacto, Scarlett se dio cuenta que debía sacar ventaja del encantamiento que, por supuesto sabía, había causado en su socio. De eso se trataba este tanque, en donde los tiburones nadaban. Ella era una ballena, por supuesto.
- Chuck... -lo llamó fingidamente tímida. Él hombre, que revisaba su móvil, volvió la atención hacía ella asintiendo- quería saber si crees posible tener listos los diseños antes del 30 de este mes –se mordió el labio inferior para agregar el toque.
- Antes de la boda –afirmó el francés neutro y lo pensó por un momento- por supuesto, trabajando a este ritmo, tenemos el tiempo justo, chère.
Scarlett le dio las gracias brevemente y ambos salieron del edificio con rumbos diferentes.
Por un lado, Scarlett se sentía ganadora por haber conseguido que Chuck aceptara trabajar más rápido para cumplir su propósito de tener el tiempo libre suficiente para William. Lo que la mujer no sabía era que Arnault había aceptado perder horas de descanso con tal de ver a Scarlett mucho más tiempo, incluso aunque lo días estuvieran contados. Chuck sabía que la mayor parte del tiempo que estaría trabajando con Scarlett sería por la tarde y la noche; y los gatos avalaban que las mejores cosas pasan por la noche.