La grandiosa diseñadora Scarlett Dhapunt, que con apenas 24 años de edad, se encuentra en la cima del éxito, está perdidamente enamorada de un hombre que es 14 años mayor que ella, desde que era apenas una niña y no parará hasta darle caza y consegu...
Fue el mensaje que Scarlett alcanzó a leer cuando despertó poco antes de las siete de la mañana. La noche anterior había estado tan cansada que se quedó dormida antes de medianoche y el mensaje había llegado después de la una de la madrugada. William había tenido que salir de la ciudad de emergencia incontables veces desde que estaban casados, pero acostumbraba decirle antes de hacerlo, no después, sin embargo, Scarlett trató de ignorarlo sin dejar de notar un leve malestar en el estómago que también hizo de lado porque tenía que trabajar todo el día de hoy si quería poder tomarse la semana entera desde navidad hasta después de año nuevo.
Scarlett necesitaba descansar, y ya no era un tema a discutir, estaba agotada e irritable todo el día desde hacía un par de semanas; el trabajo se había vuelto pesado y estaba sobrepasándola, aunque era algo normal estando en medio de la producción de primavera-verano del año siguiente, no la estaba ayudando el hecho de que su nuevo proyecto junto a VA consistía en una producción masiva de su marca que sería comercializada en Europa para enero. Ella empezaba a creer que había tomado más de lo que podía procesar, pero seguiría con todo hasta que su cuerpo se lo permitiera, estaba segura.
Esa mañana, la directora de Dhapunt's entró en su oficina sintiéndose, no menos que inservible. La cabeza le daba vueltas, la espalda le dolía horrores y se sentía como acalambrada permanentemente desde que había puesto un pie fuera de la cama.
Antes de las once de la mañana, Chuck entró en la oficina de Scarlett encontrándola sentada frente a su escritorio con la cabeza gacha y dibujando en el iPad, como casi siempre que la sorprendía ahí dentro.
- Buenas tardes, chère –saludó cerrando la puerta tras de él.
- Hola, Chuck –respondió ella, en tono bajo, levantando la cabeza. Sin embargo, no fue su tono débil lo que alarmó al francés, sino la palidez en su rostro. Scarlett era una mujer llena de color y casi siempre tenía las mejillas levemente sonrosadas, sin embargo, hoy parecía enferma.
- ¿Te sientes bien? –preguntó el hombre preocupado.
- Sí –asintió ella. Pero no tardó dos segundos en suspirar y retractarse –a decir verdad, no –arrugó la cara en una mueca de dolor y se levantó de su lugar para estirar la espalda.
- ¿Qué pasa? –Chuck se acercó más.
Scarlett salió de detrás de su escritorio, vestida con una mini falta, suéter y medias – Creo que mi...- comenzó a decir, pero se vio interrumpida al ver la cara de horror de Chuck al tiempo que este corría hacia ella.
Scarlett no pudo evitar dirigir su mirada hacia donde se encontraba la de Chuck, ahogando un gritó cuando vio un delgado hilo de sangre corriendo por su pierna izquierda manchando sus medias negras, así que cuando Chuck llegó a su lado sólo fue para sostener su cuerpo flácido cayendo al suelo y gritarle a Jules para que llamara a una ambulancia. Scarlett padecía hematofobia y el estar tan débil para ese momento del día, no lo había ayudado en nada.
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