Capítulo Diez.

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Luego de salir temprano de casa despidiéndose de su padre China con un abrazo fuerte, el joven eslavo caminó por la larga avenida concurrida hasta llegar a la pastelería en la que se encontraba en ese momento eligiendo algo que llamase su atención para obsequiarle al Omega dueño de sus pensamientos. Habían tantos opciones desde pequeñas tartas hasta soufflés que se tomó algo de tiempo hasta elegir finalmente un pequeño pastel de Selva Negra bastante tierno que el envolvieron mientras pagaba ignorando el coqueteo de la cajera Omega.

Ya en el vestíbulo del rascacielos de la organización saludó a sus compañeros con algunos choques de puño o señas dejando sus cosas en una de las sillas tras el módulo de recepción pues esa semana le tocaba ser parte del equipo de seguridad inicial del edificio. Aunque no se tardó mucho y antes de que comenzara su turno tomó el elevador al décimo sexto nivel compartiéndolo con un pequeño grupo de cuatro Omegas que se hicieron a un lado un poco cohibidos así que decidió mejor quedarse en silencio hasta que las puertas se abrieron y salió primero buscando con su olfato al de piel amarilla que estaba en su escritorio regando un arbolito pequeño con una taza que contenía agua.

-Alemania -Llamó con cierta emoción el de ojos lavanda atrayendo la atención del aludido y de sus compañeros cercanos que con disimulo dejaron de hacer sus labores para poner más atención al gran Alfa recién llegado-.

-Oh, buenos días Rusia, ¿Sucede algo?.. -El menor dejó lo que hacía para acercarse aunque aún estaba avergonzado por su comportamiento los días previos, quería que la tierra se lo tragase al recordar que se había estado tocando a si mismo cuando el ruso estaba en su baño haciendo algo ya obvio para poder calmarse las hormonas al igual que él, lo peor es que realmente se le había escapado un gemido al oírlo gruñir tras la puerta-.

-Pensé en.. traerte algo para endulzar tu mañana, como tú acabas de endulzar la mía.. -Su tono fue bajo para que solo el alemán pudiese escucharlo pero eso no evitó que los más cercanos hicieran una expresión de encanto ante es las palabras que sonrojaron a su compañero que recibió la cajita blanca con el logo de una pastelería cercana- Espero te guste, habían muchas cosas y me tomó un poco decidirme.

-Estoy seguro que vas.. va, que va a gustarme, gracias... -Ante su casi equivocación el rubio se mordió el labio abrazando la cajita sin llegar a aplastarla, durante el resto de la noche anterior y esa mañana no había dejado de pensar en el eslavo.. ya fuesen sus ojos, su sonrisa o el Aroma que tenía del abrigo que le dejó, se lo había puesto para dormir-.

-Genial.. entonces te veo a la salida.. -Rusia sonrió tranquilo antes de girarse y salir de la oficina privada con dirección al elevador para volver al primer nivel a comenzar con su turno hasta la noche esperando ansioso que todo saliera bien-.

-.......Tienes cinco segundos para ir a darle un beso de despedida en la mejilla o juro que voy yo y se lo doy en toda esa bonita cara que tiene. -Una tricolor de piel albina se inclinó tras el germano hablando en tono relativamente bajo pero con mucha seriedad casi haciéndole dar un salto del susto-.

-¡Pero Irlanda! -Chilló Japón en una carcajada baja ante el atrevimiento de su amiga que obviamente estaba bromeando para alentar al tricolor a ir por el Alfa-.

Al final él no se atrevió a hacerlo y solo volvió a su escritorio para abrir la cajita y notar que traía un pequeño pastelito redondo bastante bonito, no tardó en empezar a comerlo con una sonrisa pequeña sintiéndose feliz por aquél detalle del más alto. Quien al cabo de unos minutos se incorporó con sus otros compañeros vistiendo el uniforme de guardia junto con sus implementos, por suerte solo debían ir vigilando ya fuese el vestíbulo o el área de estacionamientos pues al ser un lugar tan importante debían estar siempre atentos para evitar un atentado.

-Rusia, hasta que al fin te apareces, ¿Se puede saber porqué faltaste dos días? -La voz del jefe general hizo que el mencionado se tensara y retuviese una expresión de berrinche sabiendo lo que se le venía-.

-Ah....señor América, lamento mi ausencia, fue por un tema familiar pero no va a volver a suceder. -Después de todo esa era la excusa que había dado el azabache a recursos humanos cuando llamaron por su falta, rogó por dentro que el de franjas rojas no le hiciera más preguntas-.

-Más te vale muchacho, tuve que dar la charla de iniciación yo solo y fue una molestia. -El de parche azul, un ex militar fastidioso al mando de los Alfas guardianes y parte del equipo de seguridad personal del líder ONU, era bastante exigente con sus subordinados logrando que le pusieran muchos sobrenombres de burla- Ustedes, la mitad conmigo, nos vamos a revisar los autos de los niveles subterráneos.

El joven suspiró por la nariz y volvió a lo suyo, tomó aparato el detector de aleación de metales por si el arco inicial no lograba detectar alguna cosa en los que llegaban, el control era muy riguroso siempre y así era como mantenían segura a su gente.

Durante su turno inicial todo estuvo tranquilo, lo más relevante fue que recibieron a algunos cenadores para una junta con OMS en el nivel Omega así que algunos más de seguridad subieron a vigilar, mientras tanto el siguió con lo suyo cateando a las personas y revisando sus pertenencias en busca de alguna anomalía hasta que el equipo del sótano volvió justo minutos antes del almuerzo.

Un Buen ALFA (RusGer)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora