Epílogo

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Tres meses después.

Dicen que el amor es una mentira que se vende como pan caliente, y les pudiera decir que tienen razón, porque no siempre se vivirá un romance vainilla donde todo es brillo y felicidad, no, esa etapa de enamoramiento se acaba y después viene la del descubrimiento, donde habrán peleas, te des cuenta que tiene defectos, pero que de igual forma te encante con ellos y que tal vez sea un estúpido obstinado por el trabajo, pero que igual lo entiendes porque sabes lo que cuestan las cosas, así que si, las relaciones se valen de un cincuenta y cincuenta.

Solo que habrá momentos de desequilibrio, pero ahí es donde tienes que entender que en las malas también aprendes a amar, porque la empatía de sostenerte antes de caer al abismo es lo que hacen que las relaciones duren, aunque tampoco podemos olvidar que se debe ser sensato y imprudente, esa mezcla que con el toque perfecto de cada uno, crea el mejor de los matices, porque que rico es que sepan darte tu lugar y que a la hora de la cama sepa llevarte al cielo, todo es sincronía y hay que mantener las dos partes.

—¿Estas bien rubia? —pregunto Alba mientras agarraba mi cabello.

—Son las náuseas —respondí mientras le entregaba la papelera.

Me limpié la boca y me volví a sentar en la silla para que terminaran de maquillarme, ya que hoy era un día bastante especial, daría el sí y apostaría todo para amarlo hasta que el destino lo decida.

Solo habían pasado tres meses desde ese día donde al fin las aguas se calmaron, pero le había dicho que no me quería casarme con barriga, así que debía esperarse a que naciera el bebé y su única solución fue casarnos antes de tiempo, lo cual no me molesto, porque si fui a una guerra por él, esto no es nada.

—Señorita es normal, pero ya vera que todo valdrá la pena —dijo la maquilladora mientras me aplicaba la sombra de los ojos.

—Me gusta crear vida, no me gusta los síntomas —reproche con un suspiro.

No podía quejarme, la vida me regaló una segunda oportunidad para ser madre, pero los síntomas me dieron duro, tenía nauseas todo el día, los mareos eran constantes y los cambios de humor eran horribles, había días que me tenían que esconder las armas o era capaz de volar cabezas por el mínimo error, lo único que agradezco es que en las comidas vamos bien, no tuve tantos disgustos.

—Afrenta las consecuencias —dijo mi cuñada con una sonrisa burlona.

Charlotte no se perdería como al fin su hermano era amarrado, palabras de ellas no mías, pero la verdad es que las últimas semanas me había ayudado mucho con los preparativos y con el tema del embarazo, además que nuestros hijos no se llevaran mucho, así que unimos fuerzas, lo cual ha sido uno de los beneficios del embarazo, no podía trabajar, así que me daba tiempo para hacer amigos y conocer un poco más a la familia del hombre con quien me cansare.

—Mejor hablen de otra cosa —pedí viendo a todas las chicas que hoy me acompañaban.

—Lo bueno es que tendrás tiempo para disfrutar de tu luna de miel, Alejandro cuadro todo con los chicos —informo Irene y reí bajito.

—¿Sabes el trabajo que tenemos? —reproche con ironía—, días libres no hay, siempre se necesitan órdenes y siempre hay problemas.

—Ten fe —pidió Alicia divertida y la mire aburrida.

—Solo soy realista —murmure con una mueca, me estaban jalando el cabello.

—Lo siento —murmuró la estilista y murmure un tranquis.

—Mamá todo saldrá bien, Leo y yo cuidaremos bien de mis hermanas, además que el abuelo viene, todo está resuelto —dijo Alicia intentado calmar mis nervios.

Segundas OportunidadesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora