Capítulo Diecinueve

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Ya había pasado una semana desde aquel reencuentro, ahora no nos detenemos a pesar sobre lo que hacemos, solo disfrutamos de besos, arrebatos y miradas indecentes que se vuelven realidad cuando cerramos la puerta.

—Trueno ven a comer —demande mientras acariciaba su oreja.

El condenado se ha portado muy bien, hasta juega con los guardias para sacarles una sonrisa a esos serios, además es educado, sabe dónde tiene que ir para hacer sus necesidades y donde no tiene permitido entrar, que es la oficina de Alejo, pero esos ya se agradan, el otro día entre y estaban los dos de lo más a gusto.

O sea, yo a eso le llamo traición.

—Tengo noticias —dije y inclino la cabeza—, resulta que ahora somos algo, que no sabemos, pero queremos disfrutar de esta ilusión.

Tenía miedo de que todo se pudiera acabar y sabía que si eso ocurría seria mi culpa, soy una maraña de mentiras que tiene miedo de decir la verdad.

Y quiero hacerlo, pero no sería fácil intentar de explicar mi vida, era demasiado complicada, sin decir que aun hay heridas que no quiero recodar.

—Señora —dijo sergio y lo mire.

—Necesitas algo —pregunte divertida.

Desde la conversación en el auto ha estado muy alerta a todos mis movimientos.

—El señor me mando a buscarla.

—¿A dónde vamos?

—No puedo decirle —Me señalo el pasillo y voltee los ojos, siempre con sus misterios.

Me levante del suelo para caminar hacia la salida, aunque Sergio le toquo ayudarme, cargaba mis amados tacones negros con suela roja, eran mis favoritos, además hoy tenia un negocio importante, así que debía verme como toda una dama de la mafia.

—Sergio no podemos tardarnos mucho, las niñas llegan en tres horas —pedí y me abrió la puerta del auto.

—Solo sigo órdenes, coral —dijo y lo mire sorprendida.

Vaya, al parecer ya no soy un misterio.

—Lograste descubrir el acertijo, fácil —dije mientras lo miraba con malicia—, pero lograste conseguir información.

—Mas de la que crees —Me reto con la mirada.

Me voltee y subí al auto, no quería que nadie nos oyera, mi identidad era confidencial para muchos y un peligro para algunos.

—Y dime Sergio, que conseguiste.

Me miro por el espejo y me acomode en el asiento para verme mas intimidante.

—Sabrina Rizzo mejor conocida en el submundo como coral, la jefa de una organización de información con métodos sanguinarios y de una pista de carreras ilegales, nadie debe meterse con ella porque acabaría bajo tierra, porque la señora no teme en disparar y menos en mancharse las manos de sangre.

> Muchos le deben favores y otros huyen tan solo con oír su nombre, ya que la dama de la mafia es temida por todos

—Vaya, lograste conseguir algo —Aplaudí y me miro curioso.

Ya no me importaba que descubriera quien era, igual no consigo mucho, solo lo básico.

—Pero debo admitir que estoy sorprendido, nadie quería hablar de ti, tenían miedo de que les cortaras la lengua —confeso y reí.

—Por algo me cree una reputación.

—Debió ser difícil para una mujer.

—Como no tienes idea, pero logre ser respetada por las más imponentes cabecillas de la mafia.

Segundas OportunidadesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora