Era una noche calidad de febrero, había mucha clientela en el bar y aunque implicaba más trabajo, no me quejaba, necesitaba las propinas.
-Oye guapa, ¿cuánto la noche? -demandó un hombre mayor de unos cincuenta con una sonrisa ladina.
Esto es una de las cosas que molesta, el acoso de algunos clientes que no saben diferenciar un bar de un prostíbulo.
-Disculpe señor, mi trabajo es de camarera -demandé con un tono mordaz mientras me safaba de su agarre con un pisotón.
-¡Perra maldita! -gritó molesto mientras me agarraba del cabello para jalarme hacia él.
-Imbécil -murmurre ya irritada, no me gustaba tratar con los cerdos, ya me tocó soportar a muchos en el pasado.
-Oiste a la dama, largate -dictó una voz ronca, e imponente con la seguridad de que ese hombre no lo contradeceria.
Esa voz pertenecía a un hombre alto de cabellos azabaches con ojos azules oscuros, aunque tal vez es la luz, pero si se llegan a diferenciar los secretos y misterios que no tiene un hombre normal en la mirada, eso significa que es un chivo importante del mundo de mi jefe.
-Disculpe señor... -Su rostro paso de hombre seguro y cabron sin principios, a un perro asustado.
Le soltó el brazo y él soltó mi cabello, pero al dar dos pasos unos hombres lo interceptaron y se lo llevaron al fondo. Pobre alma, le espera un final trágico.
-Gracias señor, esos hombres parecen sordos, siempre toca recurrir a la violencia -Lo miré con una leve sonrisa, debía ser cuidadosa, algunos hombres se hacen los heroes por algo más.
-Puedo observar que podía defenderse sola, pero nunca dude de pedir ayuda -Agarró un mechon de mi cabello que se salió de la coleta y empezó a juguetear con el mientras su mirada no dejaba de escanearme.
Aunque no lograra mucho, a simple vista solo soy una rubia más.
-Lo tomare en cuenta, pero ahora debo irme -Antes de poder darme la vuelta me tomo de la muñeca para que no escapara.
-Yo también soy un cliente -No se porque eso sonó a berrinche, no pude aguantar soltar una risa baja.
-A ver señor cliente, ¿como lo puedo ayudar?
Me cruce de brazos mientras me permitía escanearlo un poco, ese traje de tres piezas le queda como un guante, el pantalón y saco de color negro junto a la camisa blanca le daba un toque frívolo a su apariencia despreocupada.
-Quiero una botella de whisky Olson, me la llevas al apartado B.
-Vale, buscaré su orden y se la llevó, usted espéreme un momento.
-Toda la vida si es necesario -Me guiño el ojo mientras se daba la vuelta. Junto a él había dos hombres igual de imponentes y no pase por desapercibido las armas en sus costados.
Cómo lo suponía, es un chivo pesado, espero que el jefe no me mate por esto.
-Oye Sabri, ¿estás bien? -preguntó una compañera mientras me codeaba.
-Tengo que atender a un hombre importante, me aterra no saber con quién estoy hablando, sabes cómo es eso de los rangos... -Mi vista se disparó a todas direcciones, no podía ser tan boca suelta a la ligera.
El bar donde trabajo pertenece a un hombre de la mafia italiana, y por lo que tengo entendido existen cinco niveles, el rango de soldados que es el más bajo, luego sigue el rango de escoltas o sicarios, luego el rango de ducado que son los que se encargan de liderar cada ciudad, sigue los sub jefes que tengo entendido que son dos, y por último el cabecilla, a él casi nadie lo conoce, ya que debido a su poder prefiere vivir en las sombras.
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Segundas Oportunidades
RomanceSabrina Rizzo es una mujer que conoce valerse por si misma, le gusta ser la jefa de todo, pero eso implica ser una maraña de mentiras y ocultar lo que es o lo que conoce. Pero Alejandro Santoni queria desmantelar cada una de sus mentiras, conocer a...
