Hoy era el día donde todas las cartas quedaran sobre la mesa y no sé cómo sentirme al respecto, porque sin saberlo llevo anhelándolo muchos años. Pero sin miedo a nada, estoy dispuesta a oír todo lo que quiera decirme, aunque pueda salir lastimada, pero llego el momento de cerrar esta historia.
—Estos nervios me consumen, llevamos seis años sin estar solos —murmure mientras ordenaba la barra.
Decidí cerra el bar por hoy para tener un lugar de cerro interrupciones, pero estaba bastante inquieta yendo de un lado a otro, limpiando, ordenando, y hasta he contado las botellas tres veces.
Y cuando oigo la campanilla los latidos de mi corazón no sean, ese miedo de los silencios incomodas está ahí, pero le vence la curiosidad de saber que ha hecho con su vida, porque quisiera saber si cumplido todos los sueños que un día me conto y que prometió que estaría en ellos, pero, aunque no estuve estaría feliz de oír que lucho por ellos y los hizo realidad, porque debo confesar, que siempre espere un recuentro, el contándome todo lo que había logrado y yo anhelando un último abrazo.
—Buenos días, busco a una rubia —saludo una voz, esa voz irreconocible que jamás olvidare, porque fue el responsable de mis suspiros y jadeos.
—Buenos días —salude mientras volteaba a verlo—, veo que llegaste puntual.
—Odio hacer esperar a las personas que me importan —comento mientras cerraba la puerta y se acercaba a la barra.
—Bueno es hora de contestar las preguntas Charles.
—¿Es tuyo? —Señalo el bar y asentí.
—Lo logre, ahora emborracho a la mitad de la población de Roma —Lo mire divertido y reímos—. ¿Quieres algo de tomar?
—Algo fuerte, por favor —Se quito el saco y se sentó en la butaca.
—Un buen tequila traído de México —Le mostré la botella y le serví de manera divertida con sal y limón.
—Salud —murmuro mientras alzaba la copa y se la tomaba de un trago.
—Salud —Alce la copa con jugo de naranja.
—¿No bebes ahora? —Me miro curioso y después a mi barriga.
Es de esperar esa impresión, la última vez que me vio estaba luchando un problema con la bebida.
—Cinco años y medio sobria.
Me miro sorprendido y luego abrió los brazos, haciendo señales con las manos para que fuera, así que eso hice, salí de la barra donde me estaba escondiendo y corrí para recibir ese abrazo que tanto estaba anhelando y se sintió igual que la última vez, como si nada hubiese cambiado, como si aun fueramos esos chiquillos de diecinueve y veinte que creían que podían contra todo aquello que viniera.
—Debo felicitarte Sabrina, de verdad me siento orgulloso de oír eso —admitió mientras me acariciaba la espalada.
—Créeme que todos los días me levanto y me sorprendo —murmure contra su pecho, porque de solo mirarlo sentía un remolino de emociones.
—Se siente bien volver a abrazarte —comento mientras nos separábamos.
—Debo admitir que llevo anhelando ese abrazo desde que me fui —Me senté a su lado y saqué una hoja doblada de mi bolsillo.
Hubo un momento de silencio, mientras detallaba el sonido de mis pensamientos y ese sentimiento de estar aquí y es que se sentía tan irreal.
—Bien a lo que vinimos, hazme todas las preguntas que quieras, las responderé con total sinceridad —pidió mientras se acomodaba en el siento para vernos cara a cara.
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Segundas Oportunidades
RomanceSabrina Rizzo es una mujer que conoce valerse por si misma, le gusta ser la jefa de todo, pero eso implica ser una maraña de mentiras y ocultar lo que es o lo que conoce. Pero Alejandro Santoni queria desmantelar cada una de sus mentiras, conocer a...
