Sabrina Rizzo es una mujer que conoce valerse por si misma, le gusta ser la jefa de todo, pero eso implica ser una maraña de mentiras y ocultar lo que es o lo que conoce.
Pero Alejandro Santoni queria desmantelar cada una de sus mentiras, conocer a...
Hoy era el gran día, donde olvidamos que nos están pisando los talones y disfrutamos una buena champaña para recodar cuando éramos unos simples mortales y no aquellos que conocen a los monstruos de frente y lucha por no ser uno de ellos.
—¿Estas lista? —pregunto Alejandro mientras me ofrecía su mano para salir de auto.
—Siempre estoy lista —respondí mientras me arreglaba el vestido—, solo que será raro llegar a tu lado.
—Ignora cualquier mirada cielo —Me dio una nalgada y sonreí leve—. Aunque no los reprocharía, eres una vista digna de enmarcar.
Me había colocado un vestido negro hasta los pies de corte corazón bastante pronunciado y con piedras en toda la parte de arriba, creando un aspecto bastante llamativo, además de unos guantes negros que llegaban hasta mis codos, y lo combiné con unos tacones plateados, un collar delicado para darle vida a mi cuello y la icónica pulsera que usó para hacerme notar como Coral, ya que muchos la distinguen y se dan cuenta quien soy.
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—Gracias, pero tú tampoco te quedas atrás, me tienta verte.
Estaba vestido con un pantalón negro, camisa blanca y tirantes, los cuales lo hacían ver muy sensual.
—Ese era el motivo —Coloco su mano en mi espalda bajo y empezamos a caminar.
En la entrada nos pidieron la invitación y luego nos dejaron pasar, ya que debían tener un seguimiento de quienes han venido, no todos los días se reúnen los mejores mafiosos para una fiesta.
—El doño se excedió este año en gastos —comente mirando a todos lados.
Al entrar te encontrabas con un pasillo y un mozo que cuidaba los abrigos, más adelante estaban los sillones de color ciruela por todos lados, una barra al fondo con las bebidas más costosas, un candelabro en el medio, y muchísimas flores en jarrones posicionadas en lugares estratégicos, además de eso había una banda en vivo y un dj en una esquina con un equipo de música y la mesa de aperitivos que no puede faltar, en sí, todo gritaba fino y costoso por todos lados.
—Hola señores —saludo Franco, el anfitrión.
—Buenas noches —saludo Alejandro dándole un apretón de manos—, te quiero presentar a mi esposa.