Capítulo Cuarenta y Cinco

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Cuando hay un pequeño porcentaje de que se cumpla creemos que no se hará realidad, porque nos enfocamos en el lado negativo, en ese gran porcentaje que nos dice que no, pero tal vez la vida da muchas vueltas y nos haga dar cuenta que a veces hay que tener fe en las pequeñas cosas.

—Pequeña revoltosa —dijo mi tío mientras tocaba la puerta.

—Un momento —grite mientras guardaba la cosa esa dentro del cajón.

Me limpié las lágrimas y caminé hacia la puerta, cuando abrí me miro de arriba abajo y por la mirada que me dio lo supe, él ya se había dado cuenta.

—Ven aquí —Abrió sus brazos y me lancé a ellos, rodeándome de su colonia embriagante y de esos fuertes brazos que me sostuvieron muchas noches.

—Tengo miedo.

—Las cosas no se repiten, así que olvida el pasado y concéntrate en esta nueva oportunidad.

—Prometo ser más cuidadosa esta vez —murmure mientras me separaba y limpiaba mis lágrimas.

—Señora necesitamos... —dijo Leo, pero se calló cuando me vio—, ¿estas bien?

—Conflictos amorosos, no te preocupes —respondió mi tío por mí, lo cual agradecí.

—¿Que necesitas? —pregunte mientras me miraba en el espejo, tenía los ojos chiquitos y rojos.

—Entrar a una cámara de seguridad —respondió mientras llegaba a mi lado.

—Iré a preparar chocolate caliente, te espero abajo —informo mi tío y me voltee a verlo.

Esas simples palabras trajeron recuerdos.

—¿Con una charla? —pregunte mientras me mordía el labio.

—Las que quieras —respondió mientras cerraba la puerta de mi cuarto.

Moví la cabeza despejando cualquier pensamiento con pinceladas de recuerdos, porque somos una combinación de colores, a veces los más claros y llamativos, mostrando ese lado divertido y feroz que quiere comerse el mundo, otras veces somos los colores opacos teniendo nuestros momentos que despiertan sensaciones ocultas.

—Bien, en donde queremos infiltrarnos —pregunte mientras me dirigía al armario y movía un par de tacones para poder poner la contraseña y así abrir una puerta secreta.

El lugar perfecto para comerte cosas ilícitas, además que puedo hacer todo desde aquí y nadie sabrá mi dirección, ya que se desvía.

—Un café en Toulouse, Francia –respondió mientras sacaba un papel de su bolsillo, el cual tenía el nombre.

Se había quedado por órdenes de Alejandro y para él no fue un insulto que no lo mandara a la guerra, más bien se sintió honrado que le cediera un puesto tan importante como cuidar a la familia.

—¿Primera fase? —pregunte y asintió.

El plan estaba comenzado a tomar su rumbo y debíamos andar con pie de plomo.

—Señora me gusta su guarida, está impecable —Miro a su alrededor y reí.

Tenía una mesa en el centro con tecnología 3D para los planos, un par de computadoras, un sofá comodísimo y un archivero con información importante y es bastante pequeña la habitación, pero al menos sirve para tener lo necesario, además que con los números correctos abres una escotilla que te llevará a conseguir una munición de armas bastante sugerente.

—Se hace lo que se puede.

Me senté y empecé a teclear lo más rápido que podía para entrar en su equipo de seguridad, lo cual no fue tan difícil, en menos de diez minutos ya estaba viendo al equipo tomándose un café y hasta podía oír lo que decían gracias al radio que tenían al lado, ya que logré canalizar su red.

Segundas OportunidadesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora