|48|Mi niño
Portorosso, Italia, XXXX de 2012
–¿Cómo crees que empezó tu miedo a la soledad? –preguntó en un tono suave y comprensivo Moonwind al joven que tenía en frente.
Él temblaba, se la pasó casi toda la sesión en completo silencio. Acurrucado en el sillón individual con lágrimas escurriendo por sus rosadas mejillas, solo miraba la llama de su cigarrillo para después limpiar con fuerza sus ojos con su muñeca para luego contestarle en un doloroso murmulló:
–Desde esa primera noche de dos de febrero...
{...}
Portorosso, Italia, febrero de 1999
En toda la enorme residencia alejada de la ciudad pesquera se podían escuchar entre sus elegantes al igual que hogareños pasillos la risa emocionada del único niño de la casa y de la billonaria familia Paguro. Corriendo descalzo y portando solo unos calzoncillos del famoso personaje de Buzz Lightyear, su boquita y estomago estaban manchados del delicioso pastel de nutella que le preparo la cocinera de su abuela. El pequeño con apariencia de cinco años, a pesar que cumpliría en unos días sus tan esperados siete añitos. Siendo la causante de su poco crecimiento su problema anémico. Huía entre risas emocionadas abrazando contra su pecho a su peluche de un astronauta, escapaba de su "malvada" niñera; a la cual podía escucharla decir maldiciones y gruñidos. Dejando en claro que no dudaría como las anteriores.
El pequeño niño travieso logró abrió la barra de seguridad, para salir corriendo al patio trasero de la casa, donde el atardecer no tardaba en ocurrir. Sin pensarlo fue directamente a la mesa del jardín donde estaban su nonna y su tío fumando al mismo tiempo que hablaban de sus negocios con un buen vino tinto –de los más caros del mercado– en lo que esperaban con tranquilidad a los padres de su amado Luca. Danielita y Lorenzo no tardaban de llegar de una de las competencias de la mujer en Sevilla, España. Iban a celebrar el nuevo triunfo de ella, Luca era el más emocionado de ver la nueva medalla de su madre. Incluso le había hecho una de papel y demasiada diamantina dorada.
Nonna y Ugo se miraron de manera cómplice al ver al pequeño escabullirse "sigilosamente" bajo el mantel. Tratando de ocultar su risilla, pero era inútil. Los dos con una sonrisa fanfarrona y burlesca apagaron sus respectivos cigarrillos en el cenicero mientras en el fondo escuchaban el grito de frustración de lo que fue la niñera número nueve del pequeño travieso.
Entre pequeñas quejas de pereza nonna se agachó para mirar debajo de la mesa a su adorado nieto abrazado a su peluche mientras tapaba con sus manitas su boquita para que no lo escucharan reír.
–¿Qué haces aquí, burbujita? ¿Llegó la policía? ¿Me tengo que esconder? –bromeó la mujer fingiendo estar asustada.
Luca soltó una risilla y negó con la cabeza.
–No, nonna, la policía no te ha encontrado aún –respondió sonriente dejando resaltar aquel diente frontal ausente.
–Uff, que alivio –dejó salir un "suspiro de alivio"–, ya estoy anciana para huir como antes. Entonces, ¿de quién nos escondemos?
–De la señora fea –dijo haciendo un puchero–. Dice que me tengo que bañar, yo no me quiero bañar, nonna.
–Pero tienes que hacerlo, muchacho, apestas a sardinas podridas –exclamó de sorpresa Ugo apareciendo a su otro lado, provocando que el niño se sobresaltara y por inercia gateara más al lado de su abuela; quien rio de manera burlona.
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No por compromiso ||Luberto
Fiksi PenggemarLuca Paguro era uno de los mejores empresarios de toda Europa, había crecido toda su vida para ganar el puesto de su abuela. Sacrificando toda su vida social, ahora con la condición de tener un esposo e hijos su gran esfuerzo fue tirado a la basura...
