CAPÍTULO CATORCE P1

3.8K 237 34
                                        

OCTAVIO

Por algún extraño motivo de la vida estoy aquí parado delante de la puerta número A-18, suite presidencial, quinto piso de este hotel y además de todo tengo un fuerza sobrenatural que me impide tocar la maldita puerta, ¿qué me atrajo hasta este lugar?, Ni mierda idea, ¿porque estoy aquí parado como idiota?, Ni las más remota idea de porque vine, lo único que sí tengo claro es que Arabella Ferrera durante los últimos tres meses se ha vuelto un maldito dolor de cabeza y a la vez un imán que me trae más a ella, es tan idéntica a mí que me espanta, es inteligente, aferrada y tenaz cualidades que para mí son impredecibles, puede ser bastante obstinada y terca pero cuando se propone algo no se detiene hasta lograrlo. 

Mis puños están a milímetros de tocar, una última respiración profunda me hace tomar el impulso necesario, suelto dos toques algo truncados, solo espero logre escuchar, y no me deje aquí como imbécil, los pasos crujen sobre la madera y la puerta se abre, parece un espantapájaros con el pelo enmarañado, la cara batida por rastros de maquillaje y la bata a medio poner, sonrió de lado a lado generando obviamente que ella se quede completamente petrificada con mi aparición, sin decirme una sola palabra cierra la puerta en mi cara, maldita rubia teñida.

Un año más tarde, la puerta vuelve a abrirse, pequeños chorros de agua le escurren por el cabello, ya no tiene maquillaje batido en la cara y adiós bata de dormir.

— ¿La princesa terminó de arreglarse? — mencionó en tono infantil, me fulmina con la mirada y se recarga sobre el marco de la puerta molesta

— ¿Qué quieres Octavio?

— Saludar a mi rubia teñida favorita ¿acaso no puedo hacerlo?

— No, no puedes venir y aparecer así como si nada...

— Acaso tenía que traer flores y chocolates, perdone a este humilde lacayo su majestad — contestó en el mismo tono mordaz con el que ella me habla

Bufa exasperada y se hace a un lado de la puerta dejándome pasar, la suite tiene una vista directa a un parque justo a un costado de Notre dame, sus cosas están completamente acomodadas, la cama está hecha y el desayuno está en una esquina a medio comer, la veo agacharse y abrocharse el par de botas de cuero negro.

— ¿Crees que termines pronto rubia?

— No me presiones, además ¿no sé qué estás haciendo aquí?

— Que no es obvio, saldremos a pasear por París, necesitas una invitación formal ¿acaso? — me observa molesta y no lo niego pero empiezo a disfrutar verla enojada, sus labios se comprimen en una fina línea y las pupilas de sus ojos se dilatan

— Hablas como si eso fuera sencillo, donde vayamos siempre hay paparazis y por si no te has dado cuenta ya tenemos bastantes problemas...

— Bla bla bla, esas son excusas sin fundamento, no tienes que preocuparte porque vas conmigo rubia — le ofrezco la sonrisa más angelical que puedo conseguir

— Justo por eso me preocupo — me sonríe irónicamente

Treinta minutos después por fin estábamos dejando atrás el hotel, la rubia a mi lado parecía niña pequeña disfrutando de las vistas que nos rodeaban gracias al convertible, el motor del Maserati rugía en el asfalto de las calles parisinas, dentro de mis planes no estaba que saliéramos en taxi y más porque no la llevaría precisamente a los sitios turísticos básicos, sobre todo porque hoy era el día de su cumpleaños y no todos los días se cumplen veinticinco.

Cruzamos las avenidas hasta llegar a la basílica Sacré Coeur pero no entraríamos directamente ahí, me estacione a un costado, mientras los turistas iban hacia el lado contrario nosotros cruzamos la avenida hasta detenernos frente a uno de mis restaurante favoritos donde cocinan la pasta más deliciosa del planeta y es uno de los menos reconocidos por la gente, la campanilla de la entrada sonó estaba prácticamente vacío, Arabella se quedó quieta a mi lado observando la decoración rústica y los cuadros llenos de fotografías con la historia de parís.

VICTORIA Y HONOR (COMPLETA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora