CAPÍTULO VEINTITRES

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OCTAVIO

Nueva York

El sonido de mis pasos resuenan por el piso encerado del obvie dentro del The Dominick Hotel, el aroma a madera y limpiador pica en mis fosas nasales, por tercer año consecutivo estoy invitado al anual Fancy dinner para tenistas de talla internacional, campeones en ascenso o retirados de alto nivel es conocido como uno de los eventos en donde la mayoría de jugadores de esta rama se reúnen, por no decir que todos vienen con sus patrocinios y algunos con sus compañías, al final depende de la gama que maneje el atleta pero en mi caso vengo de parte de la Federación por mi reciente nombramiento como el candidato oficial en la rama masculina individual para los juegos olímpicos de este año.

El evento durará tres días que se dividirán entre conferencias, entrevistas con los medios de comunicación, almuerzos o cenas, nada de esto tiene mayor chiste, si no fuera por Lucas que me obligo a venir tal vez estaría en mi casa descansando con la rubia entre mis brazos y no preocupándome porque al fotógrafo no le gusta el ángulo de la luz, el malnacido me ha hecho repetir la sesión durante cuarenta minutos, dios solo es el primer día y ya tengo los nervios destruidos.

La cabellera rubia aparece por detrás del fotógrafo caminado con altivez, aun cuando el abrigo le cubre más de medio cuerpo me distraigo más de lo necesario en lo marcados que se le ven los muslos con ese pantalón de cuero, se quita los lentes de sol y llama al fotógrafo que empalagosamente ella le sonríe y el idiota le sigue el juego comparten algunas palabras y después se acerca a mí sonriendo de lado a lado como desquiciada.

— Te he librado de tu penitencia, sígueme si quieres sobrevivir — camina delante de mí con pasos decididos hasta los elevadores donde presiona el nivel quince

Llegando se abren las puertas delante de una lujosa suite con una vista directa al noreste de la ciudad, los rascacielos y el día soleado lo iluminan todo, en muy pocos meses el otoño estará llegando y después todo se pintara de blanco.

— ¿Estaría mal que regresáramos en Navidad? — me encamino hasta quedar de frente a los ventanales

— Es una buena idea — llega a mi lado y me ofrece una copa de vino tinto — Me encanta la nieve y de noche todo se vuelve más hermoso, aun cuando eso signifique que pueda congelarme...

— Entonces está más que hecho, regresaremos en Navidad — afirmó con seguridad

Nos acomodamos en el sofá donde me quedo paseando mis dedos por su cabello, poco a poco la tarde se va pintando de tonos anaranjados y amarillos creando un bonito atardecer delante de nosotros,  los reflejos destellan en los rascacielos, mis párpados se comienzan a volver más pesados haciendo que nos quedemos dormidos.

Supongo que ya han pasado algunas horas cuando abro los ojos a causa de los toquidos en la puerta, muevo un poco a la rubia y se acomoda más sobre el sofá despertando, aun tallándome los ojos me pongo de pie y logró abrir la puerta.

— ¿Qué sucede? — pregunto en dirección de las dos figuras que me analizan de pies a cabeza, sin esperar una invitación se abren paso hasta entrar a la habitación

La rubia despierta exaltada pero los observa, confundida me pregunta con los ojos pero niego porque yo tampoco sé qué hacen aquí.

— Queremos pedirles un favor — menciona Darío de forma específica

— ¿De qué se trata? — le rubia se acomoda el cabello y la blusa que estaba toda chueca

— Por seguridad y precauciones es una buena idea si mantienen su relación en silencio — suelta Lucas

VICTORIA Y HONOR (COMPLETA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora