Singularidad B+: El Imperio de los Lobos (Capítulo 6)

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El Legatus Augusto Adriano Tiberium Aurelius comandaba la última legión romana restante. El hombre, veterano de múltiples campañas y batallas, se había visto forzado a tomar armas y volver de su retiro debido a la desesperación de la situación de su amada nación.

"MANTENED FORMACIÓN! AGUANTAD SU ASALTO!"
El viejo soldado gritó aquello con todas sus fuerzas, su voz reverberó con potencia por encima incluso del ruido del choque de aceros. Las armas de los invasores se estrellaban contra sus duros escudos, y podía notar la inseguridad de los soldados a su cargo. La última legión romana ya no era la engrasada y efectiva máquina de guerra que antiguamente había sido. Con la falta de soldados forzándolos a reclutar hasta el último de los civiles en un intento de siquiera poder sobrevivir, el miedo en sus tropas era evidente. El temblar de sus brazos y piernas. El sudor que bajaba por sus rostros. Sus ojos abiertos ampliamente en sorpresa.

Y no era para menos.

Su oponente era una legión invencible. Un ejército salido del mismísimo Hades. Los soldados de Plutón habían ascendido de las profundidades para traerles su final.

Aquel pensamiento cruzó la mente del hombre cuando una vez más frenó el golpe de un gladius romano, el gladius de Claudio Argelio Brutus Aurum, un hombre quien había sido uno de sus más fieles legionarios en un pasado... Y cuyo cuerpo ahora se había levantado para luchar por el enemigo.

No había otra explicación. Habían ofendido a Plutón, y el dios decidió eliminarlos en su infinito capricho. Y ningún dios parecía que se pondría de su lado...

"VAMOS! EMPUJEN! NO VAMOS A DEJARLOS ENTRAR EN NUESTRO HOGAR! EL EMPERADOR ESTÁ ALLÍ LUCHANDO CONTRA EL ENEMIGO! DEBEMOS DE IR EN SU AUXILIO!"
Con todas sus fuerzas, el viejo soldado gritó. Su cuerpo se quejó y sus articulaciones le dolieron, la armadura se sentía más pesada que el mundo mismo, y sólo quería derrumbarse y caer, ceder.

Pero no lo haría.

Era la última muralla de defensa romana, y como tal, no caería. Nunca lo haría.

Gritando con todas sus fuerzas, el viejo soldado empujó su escudo. Y todos siguieron su ejemplo.

Por primera vez en meses, la última legión romana actuó como la máquina de guerra que una vez fue.

Todos en simultáneo, como un sólo brazo, empujaron con sus escudos.

Y la marea de enemigos se tambaleó.

Como si de una ola se tratase, el mar negro retrocedió ante el empuje de la última legión.

Y varios de los soldados cayeron ante los gladius romanos, que no tardaron en regresar a su posición original.

"EL ENEMIGO CAYÓ! ESTOS BÁRBAROS PUEDEN SER DERROTADOS! ADELANTE, MIS HERMANOS Y HERMANAS DE ARMAS! DEMOSTREMOS PORQUE ROMA ES EL IMPERIO MÁS GRANDE QUE NUNCA EXISTIRÁ! NI SIQUIERA NUESTROS DIOSES PUEDEN ELIMINARNOS! DEMOSTREMOS A PLUTÓN QUE SU IRA NO ES NADA CONTRA EL GRITO DE DETERMINACIÓN DEL PUEBLO ROMANO! COMO UNO, AVANCEN!"
Sus pulmones ardían, sus costillas le dolían y tenía que forzar voluntariamente cada respiración, sin embargo, el viejo Augusto gritó. Su voz sonó atronadora por el campo de batalla, reverberando entre sus enemigos, y por primera vez desde que por primera vez aparecieron en un campo de batalla, el mar negro pareció intimidado. Esos soldados retrocedieron, aún si no podían entender del todo el idioma, entendían los sentimientos en esas palabras.

Y esos sentimientos los aterraron.

"Oh, si repeler la ira de los dioses vuestra intención es, dejad que nosotras os demos una mano. Cierta experiencia en dicho tema tenemos."
Lo siguiente que resonó en el campo de batalla fue una voz suave, tranquila y relajada. Una voz que el legatus no reconoció, pero que le trajo calma, le trajo tranquilidad... Y entonces, alzó su mirada a los cielos. Todos lo hicieron...

Fate Grand Order: Dragon x ServantsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora