CAPITULO XXII

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Daemon había dejado a su sobrina en su cuarto pero ella estaba lejos de querer quedarse ahí, ni siquiera espero una hora antes de quitarse la capa, el gorro e irse. Era de madrugada (casi de mañana) y por un momento pensó en ir a los aposentos de Aegon, quería sentir su piel caliente contra la suya, que la abrazara por detrás y besara su cuello pero entonces la voz de Aemond golpeó su cabeza una y otra vez «Injusta» eso era ella. Había estado besándose con Daemon y ¿luego iría a dormir con él? ¿después de que le dijo que se mantenga lejos de su tío y ella no hizo caso? Ella estaba abusando del amor de sus hermanos, y no quería hacerlo. Estar sola en sus aposentos no era una opción y no se trataba del frío, se trataba de no estar sola, sí,  su piel estaba helada y quería sentir calor pero podía vivir con eso, pero dormir sola después de haber pasado tantas noches en compañía era demasiado doloroso y bien sabía que lo merecía. Tenía llaves y poco sueño, además de bastante alcohol en su organismo así que prefirió ir a inspeccionar el castillo, casi tres veces se cayó antes de poder llegar a la primera puerta que estaba detrás de un tapiz rojo con dibujos de personas fornicando, más de ocho veces intentó abrir la puerta pero la llave era pequeña y ella estaba muy ebria, cuando al fin la abrió entró dejando entreabierta la puerta, aún la tapaba el tapiz así que no había problema, el maldito lugar tenía una serie de escaleras que bajaban, fue suerte que no haya tropezado en ningún escalón.

—Oh, diablos. —la voz de Jace hizo que la joven se diera vuelta.

—¡¿Qué haces aquí?! ¿Me estabas siguien...?—no pudo terminar la frase cuándo vio en la mano del joven el picaporte de la puerta.

El joven intentó volver a ponerlo pero parecía inútil, intentó empujar la puerta pero tampoco pasó nada, ella le arrebató el picaporte e intento también ponerlo pero tampoco pudo.

—¡Haz algo! ¡Derribala! —sintió como si de repente todo el efecto del alcohol que la dejaba relajada se esfumara de su cuerpo.

—¡¿No viste qué lo estuve intentando?! —

—¡Inténtalo con más fuerza! —

—¡La puerta se abre para adentro! ¡No sirve que empuje! —

—¡Mierda! Nadie usa estos pasillos, tardarán mucho en encontrarnos. ¡Eres un imbécil! —

—¡Deja de insultarme! —

—¡Estoy encerrada por tu maldita culpa y en tu compañía! ¡¿Qué esperas?! ¿¡Qué te agradezca?! ¡¿Qué hacías siguiéndome?! —

—¡Pensé que te encontrarías con Daemon! —

—¡¿Qué estupidez dices?! —fue descarada después de haber vuelto con él a la Fortaleza Roja.

—¡Ví como se miraban! —

Bueno, después de su otro encuentro era obvio que se miraran así, pero solo había sido una vez, le sorprendía lo perceptivo que fue el joven. Por supuesto iba a negarlo. Ambos se gritaban cada vez más cerca y más enojados.

—¡Deliras! —

—¡A mí no me engañas! ¡Sé de tu fama de puta! —la joven le dió una bofetada apenas la llamó así.

—¡No te permito que me llames así sucio Strong! —

—¿¡Te duele la verdad golfa!? —

—¡¿Y a ti bastardo?! —

Jacaerys estaba furioso pero, a diferencia de con su tío, no podía desquitarse a golpes, tenía tanta energía acumulada y no sabía que hacer que la beso con violencia, ni siquiera lo había pensado como tal, simplemente necesitaba hacer algo y lo hizo, ella lo intentó apartar pero fue inútil, solo se separaron cuándo él lo quiso.

Amor o DeseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora