CAPÍTULO XXXIV

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Seis lunas habían pasado desde el nacimiento del niño y aunque era pequeño parecía estar sano, por otro lado Naerya al fin podía pararse, podía hacer cortas caminatas por los pasillos con ayuda y eso le había devuelto un poco el ánimo, estar encerrada y en cama por tanto tiempo la había deprimido de alguna manera. En esa época Dreamfyre puso una nidada de huevos, uno fue puesto en la cuna de Maelor y otro en la de Vaegon.

Dos lunas después de eso la princesa ya podía moverse sola, lo hacía despacio y con algo de dificultad pero ya era libre y no dependía de nadie. Sus manos se habían curado por completo pero al igual que con su cadera tuvo que volver a usarlas de a poco, se sentía un poco como su hijo, aprendiendo a hacer todo de nuevo. Aún así bien sabía que aunque su cadera soportaría volver a la rutina sus manos no lo harían, su esposo insistía en que sólo tenía que darle tiempo pero ella sabía que no era así, no podía estirar sus manos por completo y no era por dolor, simplemente sus manos no cedían, podría volver a usarlas, sí, pero no serían tan precisas como antes y muchas cosas no sabía si podría volver a hacer.

Los días nublados eran los favoritos del pequeño porque salía a explorar al jardín, le gustaba gatear por el césped y respirar el aire fresco. Mientras tanto Aegon, Nymeria y Naerya desayunaban mientras charlaban.

—Los hijos de Vaemond Velaryon y su mujer han venido junto a sus primos. —Aegon mencionó.

—Que absurdos que son. —la princesa habló.

—¿No crees que consigan nada? Ésta vez Daemon si se paso de la raya. —la joven le respondió.

—¿Sólo Daemon? Si fue a cortarle la cabeza fue por orden de Rhaenyra y ella fue quién luego se lo dió de comer a su dragona. —él mencionó.

—Nuestro padre lo dijo, cualquiera que pusiera en duda la legitimidad de ellos pagaría las consecuencias, es obvio que estará de lado de Rhaenyra, podría hacer cualquier cosa y siempre estará de su lado. —

Aegon no dijo nada, sabía a que se refería, y más cuándo hacía ese gesto tan inconsciente de pasar su mano por su cuello.

Aegon no dijo nada, sabía a que se refería, y más cuándo hacía ese gesto tan inconsciente de pasar su mano por su cuello

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Daemon y Rhaenyra habían llegado a King's Landing.

—El maestre Gerardys vera a mi padre y no quiero objeciones al respecto. —declaró la heredera apenas se encontró con la reina.

—Naerya te lo dijo ¿cierto? —estaba más que molesta.

—Tú me lo tendrías que haber dicho. —recalcó antes de seguir su camino.

—Ni se te ocurra, Alicent, hacerle o decirle algo a Naerya. —amenazó sin descaro el príncipe.

Ella los había seguido hasta los aposentos del rey.

—Se cortó con una de las espadas del Trono de Hierro, ha tenido fiebre pero no es la primera vez que pasa, no te lo mencioné para que no entres en pánico por algo tan insignificante. —

Amor o DeseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora