Naerya es la hija mayor del matrimonio de Alicent Hightower y del Rey Viserys I. Muchos consideran que su belleza solo se ve opacada por su poco tacto, su carácter fuerte y su malcriadez. Ella es amante del juego de seducción y poco creyente del amo...
Cuándo Daemon salió todos lo hicieron, Aegon quería quedarse pero la mirada de sus padres lo obligaron a salir. Ambos esposos se quedaron solos.
—¿Crees que podrías comer algo o aún no lo deseas?—
—No, no quiero comer, pero tengo sed. —
—Pediré que te hagan un té entonces. —
—Aemond...—ella lo llamó para que no se levantara de la cama.
—Dime. —él se quedó y acarició su rostro con cuidado.
—¿Qué tan mal estoy? —ella sentía dolor pero no podía moverse lo suficiente como para analizar su estado.
—Tienes ambas palmas de las manos con fuertes quemaduras por la fricción, cosa muy similar en tus piernas, te dislocaste un hombro, la muñeca y la cadera. —
—Por como me dolía pensé que estaría peor. —el cuerpo le dolía en su totalidad por la fuerza que hizo.
—No es poca cosa, pero al menos no tienes ninguna herida que ponga en riesgo tu vida. —
—¿Y la vida de mi hijo? ¿lo perdí? —tocó el tema luego de un largo rato que él no dijera nada.
—No lo saben. —
—¿Cómo es que no lo saben? —juzgó.
—Sangraste, pero no lo suficiente como para asegurarlo, sólo el tiempo lo dirá. —beso sus labios.— Ahora no pienses en eso. —
La calidez de sus labios, quería más de eso, pero moverse para pedir más era demasiado doloroso y no había llegado a moverse más de un centímetro.
—Quédate quieta, debes descansar. —volvió a besarla porque asumió que ella así lo quería.
—¿Cuánto tiempo estaré sin poder hacerlo? —preguntó después de un largo beso. Él dió una carcajada.
—No deberías estar pensando en eso, —se acercó para susurrarle algo.— pero no te preocupes, me aseguraré que te mantengas bien complacida. —
Ella sintió un escalofrío recorrerle por todo el cuerpo, el sólo hecho de pensar en sus dedos dentro de ella o su lengua en su intimidad la había enloquecido lo suficiente como para olvidarse de cuan adolorida estaba.
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Ya era de noche y Naerya aceptó intentar cenar aún si realmente no tenía apetito, su esposo insistía en que debía alimentarse o no se mejoraría.
—Y yo pensé que lo peor sería el no poder tener sexo. —se quejó mientras Aemond le cortaba la comida.
—No sé porque siempre te escandalizas tanto con éste tipo de cosas. —
—Es vergonzoso, ¿no lo sientes así? —
—No. —rio levemente.— No puedes usar tus manos, y por eso te ayudo, no tiene nada de malo. —le acercó el tenedor con la comida a la boca.— Vamos, abre la boca y deja de renegar. —rio nuevamente.