CAPÍTULO XXXXIII

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La información nunca le llegaba ahí encerrada, así que se mantenía leyendo y cuidando a su pequeña hija, amaba los inocentes ojos lila que tenía, siempre sonreía, y al menos agradecía que al estar encerrada la niña podía mantenerse al margen de los gritos y el ambiente tenso que se manejaba en el castillo.

Los días pasaron y pasaron, hasta que se volvieron semanas. Sus visiones no eran como las de su hermana, sólo podía ver cosas en la que ella estaba involucrada o su dragón, desistió de ellas cuando las encontró inservibles, dañaba su cuerpo sin un verdadero fin, porqué sí, no terminaba de entender aún el libro y con las pocas cosas que tenía en su cuarto, su sangre y dolor era lo único con lo que podía probar sus cosas. Pero se aferró a una de ellas, Cannibal apoyando su cabeza en el lomo de Sunfyre, no sabía si era algo que pasaría o sólo su mente intentando hacerla creer que podría proteger a Aegon.

Baela había ido varías veces a verla, estaba furiosa con Rhaenyra, al parecer la joven había propuesto que casara a Rhaena con Jacaerys y que la nombrase a ella como heredera de Driftmark, todo en pie de que la falta de respeto de Jacaerys con Helaena era imperdonable y quería algo más justo, no quería ser reina a su lado, sin embargo creía que su hermana lo merecía y más siendo que su prometido había fallecido, por otro lado ella se crió en Driftmark los últimos años, sentía más derecho de ser su heredera que Joffrey, no mencionó su sangre pero sí el hecho de que ella fue humillada por Jace y era lo mínimo que podía ofrecerle. Rhaenyra extendió su respuesta por mucho tiempo pero al final se negó a ambas propuestas, ella se casaría con Jace quiera o no y Driftmark le pertenecería a Joffrey, con suerte le ofreció que Rhaena se comprometiera con él.

Baela odiaba a Rhaenyra en ese momento y había estado pensando hace mucho en una opción más viable para ella.

—No quieres a Rhaenyra como tu reina y yo no quiero a Aegon como el mio, —inició la lady.— pero yo tampoco quiero seguir a Rhaenyra, así que te propongo algo diferente. —

—¿Propones a tu padre? —

—Lo hago, nos beneficiará a ambas, estarías libre de la prisión que se te dió, y yo tendría libertad para decidir con quien casarme y que heredar, sé que mis abuelos me apoyarían. —

—Rhaenyra tiene que estar muerta para eso. —advirtió.

—Y tú anhelas su sangre en tus manos. —sonrió.— Mi padre perdonaría a tus hermanos si tú se lo pides. —

—No si mato a Rhaenyra. —

—Los escuché pelear el día que marchó a Harrenhal, quizás podrías estar equivocada. —tomó su mano.— Naerya, dijiste que tu hermano no quería ser rey, y mi padre sería un buen rey, sé que no empecé de la mejor manera contigo, pero juntas y poco a poco lograríamos tener lo que queremos. Además, estás en cinta de él, aún si te odiara con ese hijo tienes más que asegurado todo.—

—¿Lo sabes? —

—Apenas te alimentan pero has subido un poco de peso en vez de perderlo, lo noto, como casualmente pasas tu mano por tu vientre. —

—Pensé que eso te molestaría. —

—Al principio te odiaba, porque pensé que me robabas a Jace, pero luego entendí que tú no lo hacías, y aún si hubiera sido así él tuvo más culpa que cualquier persona. —suspiró.— Eres la única aliada que puedo tener en esto, y mi padre te ama, supongo que el hecho de tener un hermano en base a eso no es tan malo. —

 —

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Amor o DeseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora