Naerya es la hija mayor del matrimonio de Alicent Hightower y del Rey Viserys I. Muchos consideran que su belleza solo se ve opacada por su poco tacto, su carácter fuerte y su malcriadez. Ella es amante del juego de seducción y poco creyente del amo...
La princesa no recordaba en que momento se había quedado dormida pero cuando abrió los ojos se encontró con Aemond que le acariciaba el rostro con cuidado. Ya habían pasado dos días desde que dió a luz pero se sentía aún demasiado cansada.
—¿Él...? —
—Está bien, una nodriza lo alimentó y lo llevó con nuestro padre. —
—No pareces contento por eso. —susurró.
—Él me ocultó que estabas dando a luz, y ahora pide verlo como si nada. —
—¿Esperabas algo distinto? —
—Una disculpa al menos. —
—Eres un iluso. —rio levemente.— Su disculpa es el interesarse por nuestro hijo, no tendrás más que eso. —
—Pensé que ya que se trataba de ti sería diferente...—confesó.
—Me quiere más que ustedes, eso es verdad, pero aún estoy demasiado abajo en sus intereses, y seamos sinceros, ni con Rhaenyra es realmente un buen padre. —
—La ama. —él agregó confuso.
—Nunca dije que no lo hiciera, —rio de nuevo.— pero amar a alguien no te hace un buen padre, ni una buena madre, ni nada de eso. —suspiró.— La defiende ante todo, a mi me defiende ante mi madre y mi abuelo, pero eso es lo único que sabe hacer. —
—Ah, eso debía decirte. —recordó mientras le acariciaba el rostro y aprovechó para cambiar de tema.— Ha abierto los ojos. —
Ella tragó saliva con dificultad y sintió una presión en su pecho muy fuerte.
—Ya era hora. —musitó intentando disimular cuan afligida se sentía.— Por un momento pensé que no lo haría nunca. —hasta un punto lo esperaba.
—Los maestres mencionaron algunas cosas, —él seguía acaricíandola con cuidado.— tendrá quizás más problemas de los que esperábamos, no sólo es demasiado pequeño y débil por lo que nació antes, sino que parece tener albinismo, por eso sus ojos son rojos. —había dado contexto antes de que se asustara por el inusual color de ojos.
—Necesito más explicaciones que sólo eso. —
—El sol le haría daño a la piel, y la luz a sus ojos, quizás no pueda ver con claridad. —mencionó calmado.
Ella no dijo nada, vamos, esperaba que tenga una vida corta pero buena, y ahora venía a enterarse que tendría más problemas de salud de los que esperaba. Había perdido su primer embarazo, aún cuando llegó a dar a luz a su primer hijo éste nació muerto, no tuvo ni un minuto de vida, y ahora, su segundo hijo estaba más que enfermo, aún cuando había querido y seguía queriendo que fallezca la verdad era que parecía estar condenada a que sus hijos no llegarán a ningún lado, ella era el maldito problema y no parecía poder hacer nada al respecto, de un momento a otro era un mar de lágrimas, su esposo la había abrazado intentando consolarla pero parecía algo imposible.
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