CAPÍTULO XXXXVIII

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Aemond la abrazaba por detrás mientras volaban sobre Vhagar, el viento era fresco pero no le molestaba, estaba mucho más abrigada y el calor de su esposo la tenía a gusto. Su corazón latía con velocidad, se sentía bastante ansiosa, quería ver a Aegon, esperaba que Aerea esté ahí también, ver a Nymeria, sin embargo sentía algo de vergüenza, se había arrodillado ante Rhaenyra mientras su hermano se había coronado solamente para salvarla.

La noche estaba despejada, podía ver todas las estrellas, habia olvidado lo que era volar por placer, sí, sabía que no lo hacían como un pasatiempo sino para volver a King's Landing, sin embargo se sentía bien.

Su esposo le dejaba besos en el cuello de vez en cuando, otras acariciaba su vientre y la ponía feliz, él lograba siempre amar los hijos que ella tenía aún cuando no eran de él. Daemon no lo admitió como tal pero sabía que había llegado a querer a su hija también, lo del huevo de dragón fue para Naerya más que para la niña, pero luego le traía ropa, le acariciaba la cabeza o la alzaba y le cantaba como ella lo hacía. Quizás era egoísta pero esperaba terminar con esa guerra y mantener a los tres hombres que amaba a su lado junto a sus hijos.

Vhagar podía volar más rápido pero no lo hacía, buscaba ir en calma, algo que su jinete y su acompañante necesitaban. Cannibal volaba a su alrededor, a veces los adelantaba y otras se quedaba por detrás, de vez en cuando parecía ir a explorar y luego volvía. Naerya nunca le ordenó que la siga pero eso es lo que el dragón quería hacer, estar cerca de su jinete y ver que siga bien.

Cuándo aterrizaron en Pozo Dragón ya estaba un carruaje esperando por ellos, Aemond la ayudó a bajar de la bestia y la acompaño hasta el carruaje, él entró un poco después ya que estaba hablando con un sirviente.

—Nuestra hija llegó hace poco más de una hora a la Fortaleza Roja y está bien. —le avisó con una gran sonrisa, la abrazó todo el camino mientras ella lloraba de la felicidad, tenía tanto miedo de que algo le hubiera sucedido en el camino.

Había terminado de bajar las escaleras del carruaje cuándo Aegon corrió hasta ella para abrazarla con fuerzas, ambos se aferraron al otro con la misma intensidad, probablemente con demasiada brutalidad y quizá hasta se dejarían uno que otro moretón por la manera en la que apretaban sus dedos en contra de la piel del otro.

Y la besó descaradamente, ella intentó no corresponderle pero no pudo, terminó besándolo con las mismas ganas que él.

—Antes que digas algo, soy el maldito rey, hago lo que quiero. —

—Eso no quita lo inapropiado que es. —lo empujó pero como siempre solía hacer, con esa familiaridad entre ellos, pasó su mano por el cabello de él, ya lo tenía bastante largo y sabía que esperaba que ella lo peinara como antes lo hacía.

—Sí, sí, ya quítate. —Nymeria lo apartó y la abrazó con fuerzas.

—Te has vuelto más amorosa. —ella rio.

—La situación lo amerita, —le beso la frente.— así que no te acostumbres a tanto. —

Había olvidado lo cómodo que era ir con ella del brazo mientras charlaban, la ponía al día de lo que estuvo sucediendo en King's Landing. Aegon iba del otro lado pegado a ella, la miraba como tonto enamorado, como siempre. Por un momento olvidó como se veía, todo lo que habían pasado mientras estaban separados, lo mantuvieron así todo lo posible, Aerea estaba junto a su huevo de dragón en la cuna que ellos tenían para ella en sus aposentos, Aemond la tuvo en brazos por horas, ni siquiera participaba en las charlas, él estaba más que encantado con poder tener a su hija al fin en sus brazos y la niña parecía estar igual de alegre ya que no había dejado de sonreír desde que él estuvo con ella. Los tres jóvenes bebían té y comían bocadillos hablando de los viejos tiempos, un poco más, sólo querían un poco más de paz y felicidad antes de volver a la realidad.

Amor o DeseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora