Naerya es la hija mayor del matrimonio de Alicent Hightower y del Rey Viserys I. Muchos consideran que su belleza solo se ve opacada por su poco tacto, su carácter fuerte y su malcriadez. Ella es amante del juego de seducción y poco creyente del amo...
Naerya había llorado un largo rato entre sus brazos y terminaron sentados en el sofá, él estaba a lado suyo abrazándola de lado mientras ella estaba apoyada por su hombro.
—¿Qué traes en ese bolso? —
—¿Por qué lo preguntas? —
—Me llama la atención de una manera un poco obsesiva. —por no decir que la estaba enloqueciendo, era como si algo chillara desde ahí, no había ningún ruido pero tenía aquella sensación.
—Me dijiste que te faltaba un libro para poder terminar aquel diario, estuve buscando en la biblioteca de Dragonstone y lo encontré. —se levantó para sacar el libro y alcanzarselo.— Voy a confesar que me parecía divertido y hasta un punto algo absurdo que tú te pongas a leer cosas que hablan de magia pero es muy curioso que te interesara el bolso donde justo estaba el libro. —admitió.
—No sólo habla de magia. —reclamó tomando el libro en sus manos.
—Sí, habla de historia, pero sólo para que sigas el hilo de lo que habla sobre la magia. —
—Pensé que no me escuchabas cuando te contaba las cosas. —
—Claro que te escucho, es interesante si tú me lo cuentas. —le acarició la mejilla.
—Daemon, ¿recuerdas cuando salimos del castillo y esa bruja me tiró las cartas? —musitó.
—¿Todavía recuerdas eso? Fueron cosas estúpidas que ella dijo, no me digas que por estar leyendo estás cosas comenzaste a creerlo. —
—He tenido pesadillas sobre eso, cada vez son más vividas. —confesó.
—Las tienes porque estás preocupada por eso, no porque sean algo que vaya a pasar. —
—Se siente demasiado real, he sentido como me quemaba la garganta y como el agua me llenaba los pulmones... —
—Es sólo un sueño. —le tomó el rostro entre sus manos.— No lo pienses más, estás asustada y sueñas esas cosas pero no hay nada más detrás de eso. —
—Si me estaría ahogando, ¿intentarías salvarme? —
—Por supuesto, ¿acaso me crees capaz de dejarte morir? Te amo, Naerya, nunca jamás en la vida dejaría que algo malo te pasara. —
Ella no le dijo que vió a Caraxes en su sueño.
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Cuándo volvió a sus aposentos se encontró con Aegon jugando con Vaegon en el suelo, Nymeria los veía desde la silla.
—¿Y eso? —ella sonrió mientras se acercaba a ellos.
—Es mi obsequio por su onomástico. —el joven mencionó orgulloso, le había dado un dragón hecho de tela casi del mismo tamaño que el niño.
—Veo que le encanta. —ella se sentó en una silla a lado de su amiga, ya no estaba para sentarse en el suelo.— Gracias. —