Naerya es la hija mayor del matrimonio de Alicent Hightower y del Rey Viserys I. Muchos consideran que su belleza solo se ve opacada por su poco tacto, su carácter fuerte y su malcriadez. Ella es amante del juego de seducción y poco creyente del amo...
Estaba acostumbrada tanto al calor que generalmente tenía que le dolía el frío de ahora. Y claro, montó a su dragón con tan sólo una camisa y un pantalón delgado, la capa era más gruesa pero no colaboraba demasiado con el viento que por poco cortaba su piel, Cannibal volaba demasiado alto y el clima de los cielos eran helados, pero procuró soportar lo suficiente hasta que estén en Harrenhal.
Estaba cansada, tenía sueño, hambre, sed y frío pero no podía detenerse, temía que algún dragón la alcanzará o bajar a tierra y que alguno de los dos bandos intentará atacarla, no podrían contra su bestia pero no estaba mentalmente preparada para estar en medio de una batalla, no ese día.
El dragón volaba rápido pero no de manera violenta, mantenía los movimientos laterales o giros al mínimo, sabía que su jinete podría caerse de lo contrario.
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—Príncipe Aemond, un dragón negro se ve en la distancia, creemos que es Cannibal. —mencionó lo último más despacio.
El tuerto recordó claramente las palabras de su hermano aquél día.
«Naerya. Está vinculada a Cannibal, y parece que ya sabe usar la magia. »
Corrió hacia las puertas del castillo mientras ordenaba a todos que no atacarán al dragón por nada del mundo.
Vió aterrizar al dragón a una distancia prudente de la entrada y pudo notar una figura bajar de su lomo, tanto Cole como Alys le insistían en que no vaya soló, que era una trampa, que era una decisión estúpida, sin embargo los ignoró mientras caminando se acercaba a los recién llegados, Vhagar no estaba mucho más lejos de ellos pero se veía tranquila, quizás porque reconocía a aquella jinete aunque no al dragón.
El camino parecía eterno, no importaba cuan acelerado iba ni sus largos pasos, eso parecía una maldita eternidad.
—¡¿Naerya?! —la voz casi se le quebraba al decir su nombre en voz alta, ya estaba a unos pasos de ella pero la capucha que tenía y lo que miraba al suelo le cubría todo el rostro, el día estaba nublado y lloviznaba así que poco podía ver.
—Sí. —pero dió un paso hacia atrás cuando él quiso acercarse.— ¡Espera! —su voz estaba llena de pánico.
—¿Qué es lo que pasa? —se detuvo porque no soportaría tocarla y que se separe, no podría aguantar que lo rechace así y tuvo miedo de moverse.
—No me veo como la última vez que nos vimos. —tragó saliva.
—Los guardias me lo dijeron, lo de tu rostro...—
—No es sólo eso, —interrumpió.— Rhaenyra me marcó, es verdad, pero tengo muchas más heridas que sólo eso, y ya no queda nada de lo que era, ni siquiera sé si me veo como una joven, Aemond, me veo más como un monstruo. —
—¿Crees que eso me importa? —volvió a caminar a ella.— ¡Me importa una mierda como te veas! —bramó molesto, ¿cómo podía pensar que algo así le preocuparía? Ni siquiera ese embarazo lo hacía. La abrazó con fuerzas aferrándose a ella, por los dioses, la había extrañado demasiado, la amaba desesperadamente, aún cuándo lo alejara siempre de ella nada cambiaba ya que su corazón no podía dejar de amarla.— ¿Naerya? —sintió su cuerpo desplomarse en sus brazos.— ¡Naerya! —