Tanto la pecosa con el Can se encontraban sumergidos en una burbuja de placer, un placer abrasador. Lucía no sabía hasta qué punto iba a llegar todo eso, pero lo que no quería era que todo lo que estaba sucediendo en ese mismo instante se detuviera. No era ella, se sentía distinta, como si su alter ego hubiera tomado el control de su cuerpo, no era ella misma, estaba descontrolada.
— Se que esto no está bien, pero no quiero que pares— suplicó.
— Aunque me lo pidas, aunque me lo implores...no pienso parar— volvió a unir sus labios, pero esta vez fue la pecosa la que se separó de él.
Con una mirada deseosa a la vez que lujuriosa, Lucía se bajó de la encimera sin romper el contacto visual, con sus manos fue recorriendo las costuras del pantalón de este a medida que se iba agachando lentamente hasta ponerse de rodillas, las vistas que tenia del Can eran irresistibles. Las manos de Maciel recorrieron sus majillas hasta llegar a su pelo, después tiro con suavidad de el haciendo que la pecosa inclinase la cabeza hacia atrás.
— ¿Es lo que quieres? — pregunto, a lo que esta asintió. Maciel apretó la mandíbula seguido de un pesado suspiro. Una de sus manos dejo de sujetar su pelo para proceder a recorrer los labios de la pecosa— Abre la boca Caperucita— Lucía sin dudar ni un segundo entreabrió sus labios un poco, al hacerlo Maciel acarició su labio inferior con dos dedos, los cuales fue introduciendo de apoco en el interior de su boca. Se iban introduciendo más y más hasta que la pecosa emitió una arcada y Maciel los sacos de un rápido movimiento, no pudo resistirse ante la reacción de esta y no pudo esconder la sonrisa torcida de satisfacción que le había producido ver esa acción.
Lucía le seguía mirando desde el suelo, pero cuando estuvo a punto de articular palabra un gruñido seguido de un ladrido les saco del entorno tan excitante que habían creado. Los dos miraron hacia la dirección del salón y ahí estaba. Kaiser se encontraba enfrente de ellos sentado mirándolos con la cabeza ladeada, este volvió a emitir otro ladrido.
— Creo que esta celoso— dijo Lucía soltando una carcajada.
— Que oportuno...— con resignación se pasó las manos por la cabeza.
— Creo que deberíamos darnos una ducha—con voz maliciosa acompañado de una sonrisa Lucía se incorporó.
— Si, nos vendrá bien— respondió con una sonrisa del mismo estilo que la de la pecosa.
Lucía agarro de la mano a Maciel y juntos se aproximaron hacia las escaleras, pero cuando estaban a punto de subirlas unos fuertes golpes en la puerta les interrumpieron.
- ¿Qué cojones...? - se dio la vuelta y frunció el ceño algo molesto- Sube tú, te alcanzo luego.
La pecosa asintió y siguió el camino hacia la habitación dejando a Maciel abajo, este se acercó a la puerta. Cuando la abrió su padre con semblante serio se adentró dentro de la casa, Maciel sin decir nada cerró la puerta tras de sí para después seguir a su padre hacia el salón.
— No he querido decirte nada delante de todos, pero ¿Se puede saber que ha pasado? — dijo levantando las manos esperando una respuesta.
— ¿Qué es lo que ha pasado exactamente? — pregunto cruzándose de brazos.
— Joder Maciel...— su cara ante esa pregunta había adquirido una expresión de incredulidad- ¿Se puede saber por qué has allanado esas casas? La orden era sencilla, atrapar a los que veamos fuera, no di ninguna orden de entrar en casas y llevarse a cualquiera. Estamos en un momento delicado y no nos podemos permitir hacer ese tipo de cosas. Nos están dando caza joder.
— Por eso mismo lo he hecho— dijo en un tono serio— No pienso permitir que nos sobrepasen. Aquí los depredadores somos nosotros, no se les puede olvidar.
— Lo saben de sobra, no hace falta que se lo recordemos— respondió enfadado.
— Pues a mí me parece que sí. No sé cómo han dado con nosotros o cómo es posible que ya hayan matado a cinco de los nuestros, pero no voy a permitir ni una muerte más — su tono de voz era tajante.
— Ya lo sé y tienes razón, pero no podemos actuar así. Tenemos que ser más listos que ellos— dijo pasando las manos por su pelo canoso revolviéndolo— Mañana iremos al pueblo, hablaremos con Adam sobre lo que está pasando, seguro que ese hijo de puta es quien lo está organizando todo.
— O puede ser Tomas. Hace unos días fui a hablar con Adam, me llevé a Lucía para ver si así se ablandaba un poco y...
— ¿Que? - le interrumpió— ¿Fuiste a hablar con él sin decírmelo?
— Si y llegamos a un acuerdo.
— ¿Qué acuerdo si lo puedo saber? — dijo intrigado.
— Le dije que le daría información sobre Antonio, la suficiente para que pudieran desmantelar todos sus puestos de tráfico de droga y la ubicación exacta para que les detuvieran, a él y a todos los que le siguen. Así podía asegurar la protección de su hija y nosotros nos los quitábamos de en medio—le conto mientras daba vueltas al salón.
— ¿Y funciono? — quiso saber.
— No del todo. Me dijo que en cuanto tuviera la información iría y haría una redada para poner fin a toda esa mierda. Pero que después de eso una guerra daría comienzo entre nosotros y ellos. No sé si ya ha comenzado o si es cosa de Tomas, que todavía sigue danzando por ahí— miro hacia el techo soltando un suspiro, estaba agobiado ante toda esa situación al igual que si padre quien no daba crédito a lo que estaba oyendo.
— ¿Te das cuenta de lo que has hecho? Ahora mismo estamos acorralados. Has dado esa información a ese hijo de puta que nos quiere ver muertos al igual que Tomas. ¿Qué te hace pensar que todo esto no se volverá en nuestra contra? — dijo desesperado.
— Eso no pasara— salto Maciel.
— Abre los ojos hijo, creo que ya está pasando— se aproximó hacia el posando una de sus manos en el hombro de Maciel dándole un pequeño apretón— Iremos a ese maldito pueblo y hablaremos con ese gilipollas y te traerás a esa preciosidad de hija que tiene, veremos si tiene los huevos que se necesitan. Y respecto a lo de Tomas, hablare con algunos contactos para que nos puedan informar de sus movimientos.
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Petricor
RomantikCuando la lluvia cae sobre el espeso bosque, todo ser vivo se esconde para no dejar rastro y dejar que el enemigo se abra paso entre los árboles destruyendo y masacrando. Canes, así es como les llaman los habitantes del pueblo. No sienten pena ni a...
