Al abrir los ojos Lucía se encontraba sobre el suelo frio y húmedo, seguía en el territorio de los Canes, intento levantarse, pero un dolor de cabeza la asaltó. Miro a su alrededor y uno de los hombres vestidos de negro la cogió por el brazo para levantarla, al estar de pie comenzó a examinar a su alrededor, había un montón de cuerpos sin vida a su alrededor tanto canes como policías y hombres enfundados de negro, pero por lo que estaba viendo era evidente, el enemigo había ganado. El hombre que la había agarrado anteriormente del brazo volvió a tirar de ella en una dirección, pero una voz que la llamo hizo que se volteara. Sus ojos se abrieron de par en par, no podía creer lo que estaba viendo, era Maciel, seguía vivió.
—Maciel...— al verle una sensación de alivio la recorrió el cuerpo— Estas vivo.
— No por mucho tiempo— hablo otra voz. Lucía empezó a revolverse para deshacerse del agarre de aquel hombre. Al darse la vuelta y ver quien había pronunciado esas palabras se quedó paralizada.
— Tu...— su cuerpo se tensó.
— Si cariño, yo, ¿no te lo esperabas? — soltó una risa.
— Traidor, eres un hijo de puta— escupió con la intención de ir hacia él, pero uno de los hombres la detuvo.
— No me culpes a mí, yo solo hago lo que me han mandado— se acercó a la pecosa.
—No la toques desgraciado— dijo la voz de su padre, la cual se oía algo ahogada. Rápidamente Lucía lo buscó con la mirada hasta que dio con él. Se encontraba de rodillas en al suelo junto a Silvestre, el cual miraba a todos los que nos rodeaban con odio.
— Tranquilo, no se me ocurriría por nada del mundo— en ningún momento se le había borrado la sonrisa de la cara.
— Te mataré, daré contigo y acabare con tu vida— oyó decir a Maciel, que estaba en las mismas condiciones que Adam y Silvestre, pero este estaba más magullado, tenía un corte en el labio inferior y otro en la ceja que no hacía nada más que sangrar, señal de que se había resistido.
— No sé cómo pretenderás hacerlo estando muerto— sacó una pistola y se acercó a él apuntándolo a la cabeza.
— ¡No por favor, no lo hagas! — grito la pecosa resistiéndose a los hombres que la tenían sujeta.
—No me corresponde hacerlo a mi— se dio la vuelta para volver a poner sus ojos sobre Lucía— Mi amigo Antonio, estará deseando hacerlo.
—Como puedes hacerme esto, creía que estabas de mi lado— habló Silvestre por fin.
—No, nunca estuve de tu lado, ni del suyo— dijo señalando con la pistola a Adam.
— Has jugado con todos nosotros— la pecosa empezó a atar cabos.
— Exacto. Con tu padre, haciéndome pasar por uno más del pueblo, infiltrándome en los Canes para sacar información para el— cogió la máscara de lobo que tenía colgada de la cintura— Y luego haciéndome pasar por Can y hacer que el Alfa no sospechara de mí.
— ¿Y esas cosas que me decías? — dijo refiriéndose a las cosas que la había dicho sobre que tuviera cuidado con Maciel.
— Eran mentira, quería que desconfiaras— dijo tirando la máscara al suelo para luego romperla de un pisotón.
— ¿Y que es verdad si se puede saber? — dijo su padre— O tampoco te llamas Aaron.
— No, eso sí que es verdad— dijo soltando una carcajada— Bueno me estoy cansando, lleváoslos a los coches y que empiece la diversión— al decir eso los hombres que los rodeaban les inyectaron en el cuello una sustancia trasparente que hizo que cayeran en un profundo sueño— Y tú te vienes conmigo.
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Petricor
RomansaCuando la lluvia cae sobre el espeso bosque, todo ser vivo se esconde para no dejar rastro y dejar que el enemigo se abra paso entre los árboles destruyendo y masacrando. Canes, así es como les llaman los habitantes del pueblo. No sienten pena ni a...
