Aramis y René se encontraban en el hospital cuidando de Elena, tenían a todo el hospital vigilado. Se encontraban en la habitación de está esperando a que se despertara, Gala, su madre iba y venía cuando su trabajo se lo permitía, al principio la pareció muy raro que dos chicos a los que no conocía de nada estuvieran cuidando de su hija, ya que desapareció y al cabo de semanas volvió a aparecer pero inconsciente en una cama de hospital con esos desconocidos, Aramis le dijo eran amigos suyos y que se la encontraron tirada a las afueras de la ciudad y que no sabían cómo había llegado allí, Gala no se fiaba, pero con el paso de los días al ver lo implicados que estaban con su hija empezó a traerle comida al hospital, ya que la comida de los hospitales era horrorosa. Elena estuvo varios días dormida, los médicos la ponina todo tipo de medicamentos para que expulsara la cantidad de drogas que se encontraban en su cuerpo.
Un día, Aramis y René se encontraban en la máquina de café que no quedaba muy lejos de la habitación de Elena, no la quitaban ojo, hasta que a ambos les llamó la atención una chica, vestida con ropa oscura y su corta melena castaña se movía al ritmo de sus pasos, iba decidida hacía la habitación de Elena, estos se quedaron fijamente mirándola. Cuando entro en la habitación se aproximaron hacia la puerta, esperaron detrás de ella hasta que la chica salió. Esta se llevó un susto al toparse con ellos.
— Joder— dijo.
—¿Quién eres y por qué estás en la habitación de Elena? — dijo René invadiendo el espacio de la morena intentando intimidarla, pero esta alzó una ceja molesta.
— Soy Valeria su puta prima y tengo derecho a verla cuando quiera— dijo poniendo un dedo en el pecho de René empujándole para que se alejara— ¿Quién cojones sois vosotros?
— Somos unos amigos— dijo Aramis terminando de apartar a René.
— Pues vaya amigos de mierda, más os vale alejaros de ella, seguro que ha acabado así por vuestra culpa — dijo pasando por su lado chocando su hombro con el brazo de este para después salir de allí sin volver a mirarlos.
— Joder con la prima— dijo René mirando de arriba abajo a Valeria— me gusta.
— No empieces— dijo advirtiéndole.
— No te suena de nada— dijo René sin quitarla ojo de encima arrugando su nariz.
— Ahora que lo dices...— se quedó por un momento pensativo— sí que se me da un parecido a alguien.
— Ese alguien no puede ser ¿Abel? — dijo con una sonrisa divertida.
— ¿Abel tenía una hija? — hizo memoria.
— Creo que sí, pero si no recuerdo mal era muy pequeña— se rascó la barbilla intentando recordar a la niña.
— Bueno, si de verdad resulta que es su hija ha crecido bastante— hecho una mirada a René y este le respondió con otra.
— ¿Quieres que nos divirtamos un poco? — alzo las cejas varias veces con una sonrisa traviesa, Aramis se lo pensó por un momento.
— Está bien, juguemos un poco— alzó el puño y ambos los chocaron estallando en risas.
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Petricor
RomanceCuando la lluvia cae sobre el espeso bosque, todo ser vivo se esconde para no dejar rastro y dejar que el enemigo se abra paso entre los árboles destruyendo y masacrando. Canes, así es como les llaman los habitantes del pueblo. No sienten pena ni a...
