Capítulo 40

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Una vez aseados se fueron a la cocina a preparar la cena. Lucía no tenía mucha hambre por todo lo que estaba pasando, pero aun así consiguió comer algo. Maciel llamo a unos cuantos Canes para que rodeasen la casa e hicieran turnos para vigilar. La tensión se palpaba en el ambiente y Maciel no se quería arriesgas a que la pecosa corriera más peligro del que ya corría, tenía miedo de que los hombres de Antonio asaltaran la casa y se la llevaran.

Lucía se sentó en el sofá de cuero y se arropo con una de las mantas, Kaiser se subió para acurrucarse con ella, más tarde Maciel las acompañó, abrazando a la pecosa y estrechándola contra su pecho.

— ¿Quieres ver algo? — preguntó el Can.

— ¿Una película? — sugirió ella.

— Esta bien, cual te apetece ver— cogió el mando encendió la televisión de pantalla plana y se puso a navegar por las infinitas películas que tenía, hasta que Lucía lo paró en una de ellas.

— Esa, quiero ver esa— dijo señalando con el dedo.

— ¿El cuervo? — dijo extrañado.

— Si, por que lo dices en ese tono—

— No es por nada— dijo con una sonrisa y doy la play para comenzar a verla.

— Me parece bonita, está llena de sentimiento— dijo con quitar la mirada de la pantalla.

— ¿Enserio?, sabía que estabas trastornada, pero esto...— soltó entre carcajadas.

— Va sobre una pareja a la que asesinaron y el cuervo le da una oportunidad a él para vengarse de los que los hicieron daño— posós sus ojos en el Can que la miraba incrédulo- incluso después de la muerte ellos se siguen amando, allí, en la otra vida.

—Eres muy siniestra, tienes un concepto del amor un tanto extraño— dijo intentando hacerla un poco de rabiar.

— Claro, por eso me he enamorado de ti— soltó de repente y a Maciel le pilló por sorpresa.

— Créeme, ojalá pudiéramos haber hecho esto de otra forma y estar en otras circunstancias— dijo en un tono serio arrugando un poco el ceño.

— Pero no es así, fuiste tú el que se obsesionó conmigo y me secuestró— deslizó una de sus manos sobre la suya, la cual estaba tensa— No me siento mal por eso, solo por la gente que puede salir herida de todo esto.

—Tú puedes salir herida con todo esto— se le notaba la voz cada vez más tensa.

— No pasará nada, te tengo a mi lado— dijo para tranquilizarlo.

— Si te llegara a pasar algo...—

— No me va a pasar nada, de verdad Maciel— notaba como el Can se iba desesperando poco a poco.

—Eres mi luz entre tanta oscuridad, desde que era pequeño no me he permitido sentir nada por nadie, pero tú has hecho que eso cambie, tu, con una sola sonrisa, con tus pecas y esos ojos que me quitan el aliento cada vez que los miro— subió su mano hacia su mejilla para acariciarla con ternura. Lucía estaba asombrada por las cosas que la estaba diciendo, aunque no le hubiera dicho que la amaba como tal, se lo estaba demostrando con cada palabra que estaba diciendo.

— Cuando pase todo esto, prométeme que lo cambiaremos todo, se acabaran los Canes, la rivalidad entre unos y otros, comenzaremos desde cero— dijo calmada, pero con un tono de súplica.

— Por supuesto, te lo prometo— dijo acercando sus labios a los de la pecosa para darla un beso delicado.

Siguieron viendo a la película hasta que Lucía se quedó profundamente dormida sobre el pecho de Maciel, este no se quería mover mucho por miedo a despertarla, le daba paz ver como estaba apoyada sobre él, su respiración tranquila y como sus manos se aferraban a la camiseta que tenía puesta. De repente llamaron a la puerta, Maciel les indico que podían pasar quitando el sistema de seguridad en la entrada. La puerta se abrió y Aramis y René entraron dirigiéndose al salón.

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