Silvestre se encontraba caminando por las calles del pueblo, sin la máscara, dejando que los habitantes del pueblo vieran su cara. Caminaba decidido, con la cabeza alta, mirando a la gente que se asomaba por las ventanas con la mirada curiosa puesta sobre él. Se dirigía hacia la casa de Adam. Cuando estuvo cerca de ella los policías que se encontraban afuera le miraron con el ceño fruncido, sin saber muy bien cómo actuar, ya que antes había estado su hijo allí.
— Solo vengo a hablar, ¿está Adam? — dijo subiendo las manos en señal de paz para que vieran que no tenía intención de causar daño. Uno de los policías miro a sus compañeros indecisos, pero finalmente asintió con el cabeza dubitativo.
Silvestre caminó hacia la puerta, pero antes de tocar el pomo para entrar la puerta se abrió de dar en par y vio que un cañón le apuntaba a la cabeza. Este no se movió, con la vista puesta en la persona que lo apuntaba con el arma, el cañón del arma hizo contacto con su frente, estaba helada. Aun así, Silvestre ni se inmuto, siguió tranquilo, ya que las condiciones en las que estaba la persona que le estaba apuntando eran deplorables.
— Te estás viendo Adam— dijo por fin.
— Qué coño haces aquí, ¿no has tenido ya suficiente? — dijo presionando todavía más el arma contra la frente del Can— Primero tu hijo y ahora tu.
— Es sobre Débora— dio un paso al frente pero el sonido del seguro del arma sonó indicando al Can que se había quitado y que Adam podría disparar en cualquier momento.
— ¿Mi mujer?, donde esta, sabes algo— le temblaron los brazos al hablar.
— Creemos que la puede tener Antonio— dijo Silvestre.
Adam bajo el arma y con un temblor en el cuerpo dejo caer el arma y se apoyó en la pared con actitud de derrota, Silvestre avanzó hasta entrar por completo en la casa, al entrar la poca luz que había le permitió ven mejor en las condiciones que se encontraba Adam, y estas eran penosas, el pelo estaba revuelto más largo de lo habitual, al igual que su barba la cual está muy descuidada, unas ojeras oscuras que le ocupaban casi toda la cara dándole un aspecto de un cadáver. Y tampoco mejoraba que su cara también estuviera amoratada, la nariz rota y sangre en ella.
— Ya veo que mi hijo no se ha contenido ni un poco...— dijo mirándole desde su altura— Deberías adecentarte un poco, te tienes que preparar para lo que nos espera.
— Hablas como si quisieras ayudarme— dijo observándole desde el suelo.
— Ahora mismo nos necesitamos el uno al otro para todo lo que se nos viene encima- se puso en cuclillas para estar a su altura— Antoni tiene a tu mujer y ha venido hasta nuestro territorio reclamando a tu hija, amenazando con hacer daño a Débora si no se iba con él.
Adam abrió son ojos de par en par, el pánico se estaba apoderando de el en ese momento, el simple hecho de que Antonio tuviera a su mujer y que quisiera tener a su hija lo horrorizaba.
—¿Qué es lo que has hecho para que ese hombre quiera tener a tu mujer? — Silvestre quería información, para saber cómo actuar de la mejor forma y si para eso necesitaba aliarse con Adam y salvar al máximo número de su gente lo haría. Antonio era un hombre peligroso, haría lo que fuera para conseguir su propósito y su propósito era librar de los Canes y a ser posible de Adam.
— Me alié con él para deshacerme de vosotros, me ayudó a que mis hombres se infiltraran en vuestro territorio haciéndose pasar por Canes— soltó un suspiro— a cambio me dijo que le quitara de la mira de la policía, para que el pudiera desempeñar su negocio de droga sin tener que preocuparse de nada. Pero quiso más...
— ¿Qué más? — quiso saber Silvestre.
— No me lo dijo...— sus miradas se encontraron, los dos estaban en un punto en el que no sabían que hacer.
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Petricor
Storie d'amoreCuando la lluvia cae sobre el espeso bosque, todo ser vivo se esconde para no dejar rastro y dejar que el enemigo se abra paso entre los árboles destruyendo y masacrando. Canes, así es como les llaman los habitantes del pueblo. No sienten pena ni a...
