Dos años después
Los habitantes del pueblo junto con los Canes unificaron ambos territorios haciéndolos uno solo, todos convivían en paz y todo quedo en un recuerdo, los niños correteaban por el bosque con máscaras de lobo, luchando con palos de madera, haciendo sus fuertes, la vida animal resurgió y el bosque se volvió a inundar de fauna. Se construyo un cementerio para recordar a todos los caídos, hubo algunos Canes que se fueron a vivir al pueblo y otros decidieron quedarse en el bosque. Los hombres consiguieron rehacer su vida, dejando atrás el tráfico de drogas, buscando un trabajo e incluso buscando pareja. Silvestre se quedó con el puesto de alcalde, ya que el que había decidió jubilarse por su avanzada edad y decidió darle el puesto. Aramis y René regresaron a su pueblo cuando todo termino y se reformó, pero no si antes dejar claro que regresarían en cualquier momento para visitarlos.
Por otro lado, Lucía y Maciel se quedaron en la casa del Can, junto a Kaiser y Safira, los cuales tenían que acostumbrarse a convivir.
— Que haces ahí— dijo Maciel mirando a la pecosa desde la puerta que daba al patio, esta se encontraba sentada en el césped con los ojos cerrados, sintiendo cada gota de agua que caía sobre ella, las lluvias de primavera eran sus favoritas, podía disfrutas de la lluvia y los pocos rayos del sol que emanaban de entre las nubes las cuales hacían que el arcoíris brillase en el cielo.
— Solo quería despejarme un poco— dijo la pecosa— ven conmigo— alzo su brazo para invitarle a tumbarse con ella. Este se acercó y se tumbó a su lado mirando hacia el cielo.
Lucía se puso de lado y se aproximó a Maciel para unir sus labios con los de él, Maciel la agarró de la cintura para acortar la distancia entre ellos, se incorporó un poco para cubrir un poco su cuerpo con el suyo.
— Si quieres hacer algo vamos a tener que ser muy rápidos antes de que...— pero Maciel se vio interrumpido por una voz chillona y dulce.
— Papááá— una pequeña niña se asomó por la puerta del patio con unos rotuladores en la mano, tenía un peto vaquero y una camiseta de rayas rosa y el pelo rubio y razado desordenado— Quiero colorear— dijo señalando con los rotuladores en la mano al brazo de Maciel donde se le veían parte de los tatuajes que cubrían su cuerpo.
— Esta bien, pero antes tendrás que pillarme— dijo pegando un salto para comenzar a correr por el patio, la niña salió corriendo detrás del riéndose a carcajadas.
Lucía miraba la escena sentada en el césped, como elhombre del que se había enamorado jugaba con la mezcla perfecta de ambos,Rafaela era un perfecto rayo de sol que termino de iluminar sus vidas.
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Petricor
RomanceCuando la lluvia cae sobre el espeso bosque, todo ser vivo se esconde para no dejar rastro y dejar que el enemigo se abra paso entre los árboles destruyendo y masacrando. Canes, así es como les llaman los habitantes del pueblo. No sienten pena ni a...
