Capitulo 24

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Cuando Maciel se despidió de su padre, subió a la habitación, al entrar Lucía no estaba por ninguna parte. Se adentro en el baño y allí estaba, desnuda con el agua cayéndolo por el cuerpo, era una visión hermosa que a Maciel le encantaba, ya la había espiado varis veces mientras se duchaba, le encantaba hacerlo. Cuando la pecosa termino salió de allí sigilosamente sin que se diera cuanta para esperarla en la habitación.

— No me has esperado— dijo apoyado en el amplio armario de la habitación.

— Lo siento, he visto que tardabas un poco y bueno...— le señalo la ropa, cubierta de sangre- me has puesto pérdida de sangre y...

— Tranquila, lo entiendo, no es muy cómodo— se acercó a ella y cuando estuvo lo bastante cerca deposito un leve beso en sus labios— Voy a ducharme.

Cuando el Can se adentró en el baño la pecosa procedió a vestirse con algo cómodo y esperarle en la cama, ya era muy tarde y la verdad es que tenía algo de sueño. Maciel al salir del baño se encontraba tan solo con una toalla, la cual dejo caer mostrando cada parte de su cuerpo a Lucía. Esta se encontraba mirándolo perpleja, ya le había visto varias veces, pero se seguía impresionando cada vez que lo hacía, su cuerpo era todo digno de admirar, no podía decir que su cuerpo lo hubieran tallado los dioses, pero que no era así, su cuerpo fue creado por el mismísimo diablo, el cual fue diseñado para que cualquier chica quisiera estar debajo de él recorriéndolo con sus manos, un cuerpo al que Lucía no se podía resistir, se estaba volviendo loca y lo único que inundaba su mente era lo que acababa de pasar hace un rato y daría lo que fuera por volver a repetirlo. Lo deseaba, aunque hubiera intentado odiarle con todas sus fuerzas, era imposible.

— Si sigues mirándome así me vas a desgastar— la sonrisa de satisfacción que tenía en su cara era de lo más provocativo.

— No he podido resistirme— dijo la pecosa con las mejillas rojas con algo de vergüenza intentando ocultar una risilla.

Esta no dijo nada, termino de ponerse la ropa interior y se dirigió a la cama donde le esperaba Lucía. Ambos se acurrucaron y se quedaron contemplando el cielo, en el cual solo se podía observar la luna y varias nubes que de vez en cuando se interponían sobre ella. A Maciel le llenaba de satisfacción poder estar así con ella, los dos juntos abrazados, sintiendo el calor corporal el uno del otro. Maciel estuvo observando a la pecosa de vez en cuando sin que se diera cuanta hasta que se quedó dormida, le gustaba ver como dormía plácidamente entre sus brazos, a pesar de lo que estaba por venir. Maciel tenía miedo, miedo a perderla, miedo a que pudiera abandonarle por lo que pudiera descubrir, no quería perder a la única persona que había hecho que su mundo no fuese tan oscuro.

A la mañana siguiente, cuando Lucía despertó lo primero que vieron sus ojos al despertarse fue a Kaiser, este se encontraba profundamente dormido. Lucía miró a su alrededor en busca de Maciel, pero no había ni rastro. Se levanto de la cama con cuidado de no despertar a su amigo y salió de la habitación mientras se recogía el pelo en un moño desenfadado, al bajar sus ojos se centraron en su amiga, la cual estaba acurrucada entre los brazos de Rafael.

— Anda, mira quien se ha despertado— dice Elena con una amplia sonrisa que la ocupaba toda la cara.

— ¿Dónde está Maciel? — quiso saber mirando a su alrededor.

— A salido un momento- contesto Rafael sin apartar la vita de la televisión— ¿Es que se echas de menos? o es que acaso te dejó con más ganas después de lo de ayer ¿eh? — se volvió para mirarla con una cara de pillo.

— Lo que hagamos o dejemos de hacer no es asunto tuyo Rafael— expresó de una manera cortante la pecosa mientras se dirigía a la cocina para hacerse el desayuno.

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