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Durante el enfrentamiento contra Victoria Velazco Dávila, la jefa de una mafia mexicana, Aysel Ferrara Ávila y Lilith Romanov perdieron la vida. El mundo ha se...
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23 de Marzo de 2022 9:13 am, Ciudad de México.
Franco Ferrara.
Ana María refunfuñaba entre dientes, pronunciando quejas inaudibles y haciendo muecas mientras preparaba una de sus recetas frecuentes del que ella llamaba su libro de sabiduría culinaria y también era uno de los favoritos de su hija. Desde que abandonaron su casa tras su discusión, la mujer se rehusó a llamarle o a tener algún contacto con Aysel, pero Franco sabía que pensaba en ella más de lo que deseaba.
Sus platos favoritos tenían el patrón de siempre ser aquellos en una página par y Ana María no había prestado atención a las páginas impares en los últimos días, de vez en cuando la descubría mirando las fotos familiares en la pared o los reconocimientos de su hija guardados en los cajones de su biblioteca privada.
—Deberías de llamarla en lugar de preocuparte por ella y luego negarte a aceptarlo —comentó del otro lado del cuarto ayudándole a preparar la salsa de la pasta.
—No sé de qué hablas —huyó del tema como solía hacerlo cada vez que algo le molestaba.
—De tu hija, a menos que hayas estado molesta por otra cosa en las últimas semanas —dijo en respuesta.
Ana María suspiró profundamente y las palabras emergieron de su interior, desgarrando su garganta por el coraje que le generaba la decisión de Aysel, aunque fuese una vida diferente y una persona diferente, su situación era parecida a la de ella cuando su matrimonio se derrumbó después de tres décadas.
—No es posible que tenga a Lilith cerca cuando ella la traicionó durante su luna de miel, ni siquiera fue un tiempo considerable después de haberse casado, ni siquiera habían pasado dos semanas —se escandalizó preparando la comida de forma agresiva—. Ella fue la primera en oponerse a que sintiera pena por mi divorcio y ahora va en contra de sus propios ideales, ¿te suena lógico?
Ana María volteó a mirar a su prometido con una expresión exaltada, a pesar de estar concentrada en su arte culinario, su mente vagaba en sus pensamientos y juicios. Franco suspiró, terminó de preparar la salsa y se recargó sobre el borde de la isla de la cocina con los brazos cruzados.
—Aysel me contó una historia ayer cuando la llamé para preguntarle cómo se sentía después del accidente automovilístico del que ni siquiera preguntaste y de su embarazo del que apenas nos enteramos todos —comenzó a relatar Franco—. Dijo que se sentía arrepentida de no haberte entendido en el momento en que te divorciaste de Leonardo y lo apegada qué estabas a él después de décadas de matrimonio. No conocía ese sentimiento en ese momento, el de tener a la persona que te hizo daño y que amas delante y no saber qué hacer porque tu mente dice que debes alejarte, pero tu alma pide algo completamente diferente. ¿Recuerdas lo que le dijiste en ese momento?