Capítulo 46: Pacto

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Estamos de regreso. Con la novedad de que andamos de un lado a otro pero las vacaciones de Semana Santa me permiten avanzar con los pendientes. ¿Listos para el drama? Porque es mi pasión.

25 de Diciembre de 2023 2:18 am, Ciudad de México

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25 de Diciembre de 2023 2:18 am, Ciudad de México.

Darcel Blinov.

No había parado de pensar en el rostro del modelo al recibir el regalo de Marco, ni en las palabras de este último dirigidas a Julio con un toque de cariño y melancolía que solo podían asociarse a un antiguo amante. Aunque no reaccionó, la realidad estaba lejos, su rostro no supo expresar lo que su corazón sintió y las preguntas lo abordaron en el camino de regreso al departamento de Julio. Él guardaba silencio, inmerso en las calles vacías en la madrugada y las luces destellantes de los semáforos cuando se detenían a pesar de tener la vialidad libre.

No hablaron demasiado desde que subieron al auto, lo poco que conversaron fueron los regalos de los demás en el intercambio, los niños junto al árbol de Navidad y al menú de la cena. Parecía que desde que le dijo a Julio sobre sus sentimientos, los temas de conversación y las ganas de hablar abandonaron su boca, aquella que tantas veces había besado, incitó esas palabras cargadas de amor y la que detenía su mundo al pronunciar su nombre.

—¿Quieres subir? —preguntó Julio cuando aparcaron frente a su departamento—. Es algo tarde para que manejes.

—Claro —contestó sin ánimos, excusado por el falso motivo de estar cansado.

Lo acompañó hasta la entrada del conjunto habitacional, subieron el ascensor en la planta baja y descendieron en su piso. Mientras iban en el pasillo, el regalo de Julio se resbaló de sus manos cayendo al suelo. San Agustín se apresuró a levantarlo, verificó con preocupación que no le hubiera pasado nada y respiró aliviado mientras se enfocaba en la labor de buscar sus llaves entre sus bolsillos.

—¿Por qué no me habías dicho que querías unos lentes así? —preguntó Darcel tratando de sonar normal mientras su novio insertaba sus llaves en la puerta.

—No era nada importante —pronunció Julio luchando con su puerta que siempre se atoraba—. Era una historia bastante tonta como para contártela.

—Pero se la contaste a él —el tono del pelinegro sonó incontrolablemente herido, captando la atención completa de San Agustín.

—Darcel, le he dicho muchas cosas en el pasado, ahora ya no tienen importancia —contestó el modelo.

—También le dijiste que lo amabas —Darcel susurró en un tono muy bajo aquellas palabras para mantener la compostura de su voz y que esta no se quebrara frente a Julio.

Él conocía su historia, la forma en que había conocido a Marco y como se fue enamorando poco a poco de él. El mismo Julio había reconocido que con él no se había sentido rápido amarlo, que había sido tan natural y recíproco que le costaba creer que antes pudiera haber sentido algo así y que esperaba volver a sentirlo con alguien, pero esa persona no era él. Darcel se tragó las lágrimas qué amenazaban en salir, dibujó una falsa sonrisa y entonces habló.

RENESSANS | Segundo LibroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora