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Durante el enfrentamiento contra Victoria Velazco Dávila, la jefa de una mafia mexicana, Aysel Ferrara Ávila y Lilith Romanov perdieron la vida. El mundo ha se...
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08 de Junio de 2021 2:37 am, Florencia Italia.
Aysel Ferrara Ávila.
Su habitación quedaba considerablemente lejos de la cocina, pero era la más cercana a ella. Los ruidos metálicos y otros sonidos caóticos provenientes de allí habían perturbado su plácido sueño haciendo que abriera sus ojos cansados con pesar. Al hacerlo, no vio a Lilith junto a ella y lo único que estaba abrazando era la almohada de su prometida que olía como ella. Tal vez a Lilith se le había antojado un aperitivo de madrugada y se encontraba en la planta inferior haciendo tanto ruido que podría despertar a todos los que la habitaban.
Ferrara bajó medio dormida las escaleras sosteniendo el barandal negro metal que decoraba toda la extensión de la escalera. La luz de la cocina era la única encendida en toda la casa y un olor a quemado imperaba en todo el ambiente.
La luz lastimó sus ojos a medida que se iba adentrando en el cuarto, dónde había una ligera bruma de humo flotando por el ambiente y esparciendo ese olor a quemado. Lilith sacó una charola notoriamente quemada del horno y la puso sobre la isla de la cocina sin percatarse de la presencia de Aysel por estar maldiciendo en ruso en voz baja.
—¿Se puede saber qué estás haciendo? —preguntó Ferrara provocando qué Romanov diera un pequeño salto por el susto.
—¿No estabas dormida? —Lilith respondió a su pregunta con otra pregunta.
—Lo estaba, hasta que escuché mucho ruido aquí abajo y decidí venir a ver de qué se trataba —Aysel apreció las manchas de harina en el mandil que llevaba Lilith, en sus mejillas y brazos.
—Tenía hambre y no podía dormir, así que vine a hacer galletas de mantequilla —explicó Lilith con su acento ruso marcándose más de lo usual—. Pero no salieron como esperaba.
Romanov miró frustrada la charola con las galletas carbonizadas y muy probablemente incomibles. Por su parte, Aysel miró el intento fallido de repostería y después a su prometida que se veía increíblemente linda, con harina en la cara, las mejillas acaloradas y el pelo desarreglado en una coleta. La cocina era un total desastre, pero Aysel no se sentía ni en lo más mínimo molesta, al contrario, estaba enternecida por lo linda que se veía su novia.
—De acuerdo —soltó con naturalidad haciendo que su prometida la volteara a ver expectante—. Tenemos tiempo suficiente para limpiar e intentarlo nuevamente.
—Aysel, no. Ve a dormir. Yo limpiaré todo este desastre. Tú tienes que ir a trabajar mañana —Lilith respondió intentando detenerla.
Ferrara se colocó a sus espaldas, deshizo fácilmente el nudo mal hecho en el mandil de Lilith y lo volvió a colocar correctamente haciendo algo de presión en el nudo. Romanov creyó que se iba a alejar después de hacerlo, pero Aysel permaneció un momento ahí, respirando cerca de su nuca con una sonrisa en sus labios.