Capítulo 11: Elecciones Tortuosas

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20 de Mayo de 2021 5:10 pm, Florencia Italia

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20 de Mayo de 2021 5:10 pm, Florencia Italia.

Aysel Ferrara Ávila.

Los tonos rosados y rojos de sus heridas se hacían notar en la claridad del agua cristalina de la piscina. La luz de la iluminación distribuida entre los mosaicos podía apreciarse con nitidez, al igual que el par de hojas flotando que habían caído de los árboles aledaños que también formaban parte de la decoración de la villa. Los sonidos externos quedaban en segundo plano debajo del agua, bajo la cual la pelinegra reflexionaba sobre sus acciones, repasando mentalmente cada uno de los movimientos hechos y el daño que irremediablemente había causado.

La temperatura fría de la piscina y la soledad con la que contaba, le ayudó a calmarse, a aplacar su pánico y miedo, sumiéndose en un instante ajeno al mundo y al tiempo, únicamente suyo. Franco había utilizado sus contactos para lidiar con la nota impactante de que una desconocida había lastimado a su agresor hasta el punto de traumatizarlo. Por su parte, contrario a lo que pensaba Lilith, Aysel se había ofrecido a pagar los gastos médicos de su agresor en forma de disculpa por la golpiza que le había dado.

Una silueta inconfundible apareció en la orilla, adoptando una pose recta mientras esperaba a que se acercara hacia ella. Aysel se levantó del suelo de la piscina y salió a la superficie, acomodó su pelo húmedo hacia atrás, despejando su rostro y se quitó los goggles para observar a Lilith, quien desde su posición se veía mucho más alta de lo que ya era. Romanov traía una toalla y una bata de baño en sus manos esperando a que saliera de la piscina. Su rostro mantenía una expresión preocupada que disimulaba con calma.

—¿Cuánto llevas ahí? —preguntó Lilith mientras que Aysel se apoyaba en el borde para salir del agua.

—No mucho, un par de minutos. Necesitaba despejar mi mente —respondió mojando el borde con el líquido que escurría de su cuerpo.

—¿Te sientes mejor? —cuestionó Romanov inclinándose para cubrirla con la toalla.

—No —Ferrara se sinceró. Liberó un profundo suspiro—. Sirvió para acomodar mis ideas, pero todavía sigo demasiado abrumada con todo. No quiero ser un peligro para los que amo, sobre todo para ti.

El tono de su voz fue disminuyendo a medida que su aflicción incrementaba. Su mirada se enfocó en los ojos oscuros de Lilith, aquellos que habían visto lo bueno y lo malo de ella, pero que aún no habían visto lo peor de su persona, aquel ser frenético que hacía daño sin clemencia. Romanov estaba demasiado preocupada por la situación de su prometida, por lo que desvió la mirada unos segundos para lidiar con la incomodidad que sus últimas palabras le habían provocado.

—Yo sé cómo es sentir que tus impulsos te gobiernan y te conviertes en alguien diferente, alguien capaz de herir hasta los extremos y no parar hasta puntos irreparables —habló de forma comprensiva rememorando sus propias experiencias—. No puedo asegurarte que vas a encontrar el control para lidiar con esto, pero no perdemos nada en intentarlo.

RENESSANS | Segundo LibroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora