Capítulo 2: La Naturaleza del Principio

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12 de Abril de 2021 11:02 pm, Chicago, Estados Unidos

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12 de Abril de 2021 11:02 pm, Chicago, Estados Unidos.

Lilith Romanov Verro.

Ferrara recuperó la conciencia aunque aún seguía débil, su prometida era revisada por los múltiples doctores y enfermeras dentro de los que se encontraba Inés. Hicieron los chequeos de rutina tras despertar de un coma de dos semanas en el que terminó tras perder mucha sangre y sufrir un infarto que la mató durante algunos minutos. Sin embargo, su mirada seguía pendiente de ella, llena de preguntas que ansiaba expresar. Inés percibió la necesidad de la pareja de hablar, por lo que las dejó a solas retirándose con el resto de médicos presentes.

Lilith se acercó a ella y se sentó a la orilla de la cama de forma que pudiera verla bien y hablarle. Buscó tímidamente su mano y la sostuvo brindándole un par de caricias con su pulgar. Aysel no podía hacer muchos esfuerzos y su voz claramente se escuchó débil cuando pronunció su nombre. Lilith tenía sentimientos mezclados, por un lado, estaba feliz de verla despierta y por el otro, melancólica por casi perderla en una batalla contra la muerte.

—Te ves diferente... —Aysel inició la conversación con un tono bajo, casi inaudible—. Hermosa.

Incluso si acababa de salir de un coma y estaba siendo consciente del dolor de su cuerpo y el entumecimiento en él, Ferrara no perdió la oportunidad de halagarla, lo que provocó una sonrisa en los labios de Lilith.

—Si bueno, estuviste dormida un par de semanas y tuve que encontrar algo en que entretenerme para no aburrirme —habló mucho más animada.

—¿Qué le pasó al... ? —preguntó su prometida, señalando de forma inestable la zona donde se encontraba el tatuaje de su rostro, aquel que cruzaba horizontalmente su cara resaltando sus ojos.

—Decidí quitármelo, fue doloroso, pero no tanto como creer que moriste ese día —de un tema pasó a otro con notoria tristeza—. Creí que no volvería a verte despierta...

Aysel se removió de su lugar e hizo un esfuerzo por enderezarse y acariciar su rostro, haciendo que Romanov volviera a verla tras bajar la mirada.

—En serio creí que moriría y lamenté mucho que tuvieras que ser testigo de ello —dijo con pesar y dificultad, hablando entrecortadamente—. Sentí que estaba rompiendo mi promesa.

—No importa nada de eso ahora —Lilith intentó disimular sus ganas de llorar—. No lo hiciste, estás con vida y estás conmigo, es suficiente para mí.

—Sí, estoy feliz de verte de nuevo. Creí que no volvería a hacerlo —confesó sinceramente—. Aunque, ¿Cómo es que...?

—¿Sobreviviste? —completó Lilith a lo que Aysel asintió.

Su curiosidad era genuina y Lilith estaba dispuesta a darle una explicación. Cualquiera que se hubiera salvado de la muerte hubiera querido saber cómo fue que lo hizo. La rubia se acomodó mejor en su sitio y tomó el valor suficiente de su interior para comenzar a relatar lo sucedido.

RENESSANS | Segundo LibroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora