Capítulo 52: Corrupto

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17 de Marzo de 2024 9:30 pm, Ciudad de México.

Marco Ferrara Ávila.

Las cosas que nunca pensó que haría, abandonaron esa larga lista mental que guardaba para sí mismo y se trasladaron a su lista mental de cosas que había hecho, pero que no se atrevería a contar en voz alta en ninguna reunión familiar o de compañeros de trabajo. Existía la posibilidad de que su hermana y su madre lo supieran, pero esa información no debía llegar a sus molestos primos de Guadalajara ni a aquellos que vivián en Italia, pues si una sola foto de esa noche se filtraba, terminaría siendo el sticker del grupo familiar, con todo y su camisa brillante lisa de color plateado, abierta hasta el pecho y sus pantalones negros ajustados de la cadera y amplios de los tobillos.

Al mirarse al espejo, con el pelo ondulado y la barba bien delineada, le daba un aire de ver a Barry Gibb de los Bee Gees en los 70, cuando la carrera del grupo estaba en auge, dato que guardaba en su mente gracias a que Julio se le repitió cientos de veces en sus viajes en auto, en sus tardes de café e incluso en sus conversaciones íntimas en la cama. Claro, hacía mucho que no pasaba eso, pero cómo decía su madre, lo bien aprendido jamás se olvidaba.

Marco se dio la vuelta cuando escuchó el sonido de un móvil tomando una fotografía. Sí, sus planes de pasar desapercibido fueron frustrados por su hermana menor que lo miraba con una sonrisa.

—Ni se te ocurra... —amenazó.

—Tranquila, reina de la noche —contestó—. Solo se la envié a Aysel, le encantará ver esto, bueno y a unos cuantos contactos más...

—Nerea —le llamó la atención.

—¿Qué? Te ves bien, pareces uno de los de ABBA —comentó su hermana.

—¿Ah sí? —preguntó—. ¿A cuál?

—A la rubia.

Nerea rio, mientras que Marco no le encontraba mucha gracia a su chiste, tal vez ella tenía el humor roto o ya estaba demasiadas generaciones lejos de ella para entenderlo.

—Vamos, es divertido —animó la menor—. Tienes que divertirte hoy, es tu cumpleaños. No me digas que ese almuerzo en casa a mamá fue toda tu celebración. A veces agradezco que esté Julio aquí para despabilarte.

—¿Julio está aquí? —preguntó él.

—Está abajo, esperando por ti, justo vine a decirte.

Marco no tardó en pasar de su hermana para dirigirse hacia la ventana de su departamento para comprobarlo, efectivamente, el modelo estaba ahí en su camioneta, aguardando por él mientras se arreglaba el pelo en el reflejo de la ventana, tan vanidoso como siempre.

RENESSANS | Segundo LibroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora